La educación de los padres en el seno familiar tiene mucho más valor en el crecimiento armónico de una persona, afirmó el obispo de la Prelatura Mixe de María Auxiliadora, Salvador Murguía Villalobos.
“Desde pequeños, los hijos van aprendiendo, imitando y fortaleciendo modelos de conducta, de comportamientos, de vida y convicciones personales”, asentó.
El religioso de la congregación salesiana, aseveró que los padres y especialmente la presencia formadora de una mamá resulta ser la mejor maestra y pedagoga de la vida, pues enseña a los hijos, corrige y orienta.
“Son ellas las que forman en la conciencia cristiana de los niños. Enseñan la forma de vivir una relación espontánea con Dios espontánea y hacen aprender de memoria juegos, frases y oraciones que durarán toda la vida y que forman parte de un grande equipaje cultural y religioso”, añadió.
Subrayó que la familia es el factor indispensable para la educación, porque como la vid fecunda y anida la vida social de cualquier nación.
“Ella es también el lugar donde se enseña a comprender las razones y la belleza de la vida, a vivir en libertad a experimentar la confianza; es el lugar donde se crece en la fe y el lugar donde se enseña a rezar y a servir al prójimo”, anotó.
Resaltó que los padres cuando transmiten la confianza y la fe a los hijos porque viven y experimentan la experiencia real de tener confianza en Dios, de buscarlo y de tener necesidad de él.
“Es hermoso cuando las mamás enseñan a los hijos a mandarle un beso a Jesús o a la Virgen. Cuánta ternura hay en ese gesto. En ese momento el corazón de los niños se transforman en espacio de oración”, finalizó.
“Desde pequeños, los hijos van aprendiendo, imitando y fortaleciendo modelos de conducta, de comportamientos, de vida y convicciones personales”.
Salvador Murguía Villalobos, obispo de la Prelatura Mixe de María Auxiliadora
