Ante el marco curricular y el plan de estudios de la llamada Nueva Escuela Mexicana, la Unión de los Trabajadores de la Educación (UTE) demandó la participación de los actores educativos para que con argumentos sustentados en la práctica, la filosofía, la epistemología, la pedagogía, la psicología y otras ciencias afines a la educación liberadora se fortaleza la diaria tarea educativa.
En representación de la organización, una de las corrientes históricas del MDTEO y de la CNTE, Zenén Bravo Castellanos, miembro de la Comisión Nacional Central de la UTE, afirmó que el marco curricular y el plan de estudios de la Nueva Escuela Mexicana, a aplicarse a partir del ciclo escolar 2023-2024, en la educación básica y media superior, como del Nuevo Modelo Educativo, promovido por Enrique Peña Nieto, están sustentados ideológica y pedagógicamente en las recomendaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), pilar del neoliberalismo desde hace 28 años en el país.
“Son dos reformas educativas que aunque corresponden a sexenios presidenciales de partidos políticos diferentes, mantienen objetivos en común, la privatización de la educación y acabar con los derechos laborales de los trabajadores”, asentó.
Además, observó que la Nueva Escuela Mexicana fue producto del acuerdo entre los conservadores y militantes del cambio, así como de reuniones estatales excluyentes, donde ni los estudiantes, tutores o docentes fueron escuchados, dejando de lado el debate desde el currículum, es decir, desde las propias aulas y el seno del proceso enseñanza-aprendizaje.
“Con este modus operandi heredado en materia educativa por el ‘prianismo’ y un lenguaje engañoso autorizado por la burguesía, al mencionar frases como la acción educativa a la realización y emancipación personal de los estudiantes, así como al compromiso con su comunidad, como máximo discurso crítico, epistémico y decolonial pretenden que la Nueva Escuela Mexicana, con marco y estructura curricular, continúe la tarea inconclusa de sexenios pasados”, anotó.
Aparte de esto, subrayó que no existe una correlación entre la propuesta curricular, el planteamiento teórico y propósitos de una Nueva Escuela Mexicana, con las políticas educativas implementadas.
“Por un lado, en la propuesta de la SEP, se habla de mejores condiciones para que los estudiantes mantengan la motivación permanente en el proceso educativo y se desarrolle el aprendizaje significativo buscado, pero la política en la acción, genera una contención del gasto público en materia educativa, que no permite dotar de esos elementos en el aula a los estudiantes a través de mejores condiciones”, agregó.
"Nueva Escuela Mexicana"Independientemente de esto, mencionó que la Nueva Escuela Mexicana desarrolla elementos sobre la revalorización del magisterio, respeto a la diversidad, a la democracia, a la solidaridad y al dialogo a través de la palabra como motor de la construcción en el proceso enseñanza-aprendizaje, pero nuevamente implementa un marco curricular y plan de estudios sin tomar en cuenta a los principales actores del hecho educativo, al imponer a la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros (Usicamm).
Bravo Castellanos también dijo que la Nueva Escuela Mexicana carece de una identidad propia, porque copia modelos educativos que se han intentado implementar en las izquierdas latinoamericanas.
“Propician una educación de corte emancipador, pero necesariamente deben ser contextualizadoras, es decir, esta propuesta carece de la ‘mexicanización’ del currículo y no retoma experiencias propias”, finalizó.
