Raúl Héctor Campa García
Macario era un joven “nini-nin”, de esos que ni estudian, ni trabajan y ni lo intentan. Estudió la preparatoria, la dejó trunca. Se dedicaba a disfrutar la vida de gorra “pa'atrás”.
Con sus padres tenía seguro el techo, sustento y una raquítica mesada. Algunos amigos de ocasión le financiaban sus fantasmagóricas y dionisiacas tertulias. A sus 30 años de edad, realmente no había realizado nada productivo; sólo era él y sus egoístas cosas personales. La familia le tenía un lastimoso amor, que él no correspondía. Solo era él y nada más él, en su marcado y torcido hedonismo.
Alto, delgado y demacrado, debido al tren de vida que llevaba. Ciertas partes de su piel estaban tatuadas, sus persistentes ojeras por desvelos y vicios parecían formar parte de aquellos “tattoos”. Dormía de día, por su continuo trasnochar. Su falsa sensación placentera se debía a las adicciones adquiridas a temprana edad, motivo del abandono de sus estudios y de su personal desinhibición, que, a su edad, no solo le estaban produciendo trastornos orgánicos, también mentales.
La intención de sus padres fue siempre ayudarlo, debido al amor que le tenían desde que nació. Cuando se enteraron del problema, lo llevaron a terapias costosas durante algunos años; experimentaban alegrías pasajeras al creer que su rehabilitación era una realidad. Las recaídas eran recurrentes por uno de los principales motivos: nunca se apartó del medio donde adquirió su apego a las drogas. En cada regreso, después de varios meses de rehabilitación -según sus padres-, festejaba con sus “verdaderos amigos” en desenfrenadas reuniones.
Los intentos de recuperación terminaban como aquellos niños desnutridos quienes, tras una larga hospitalización para combatir su padecimiento primario por falta de nutrientes en su organismo y posibles complicaciones, sobre todo infecciosas; al darlos de alta en franca recuperación, regresaban al mismo hábitat familiar, a la depravación social, en ocasiones con inmoralidades tanto sociales como gubernamentales. Niños que, en cada recaída, reingresaban al hospital en estado grave, a veces irreversible.
Continuará el próximo lunes.
