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Cuaresma en Oaxaca: comerciantes de pescados y mariscos añoran ventas

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Foto(s): Emilio Morales Pacheco
Nadia Altamirano Díaz

“¡Bien calientitos! ¿Cuántos? ¡De a 10 de a pura carne! ¿Qué va a llevar? ¿Qué le sirvo? ¡Tenemos mojarra, camarón y filete!” es el tumulto de voces que recibe a quien cruza el pasillo de pescados y mariscos en el Mercado Margarita Maza, en la Central de Abasto, pero pocas son las personas que compran.

Aunque este miércoles 5 de marzo -marcado en el calendario católico como el miércoles de Ceniza- se abre la puerta a los 40 días de la Cuaresma, cada vez menos personas cumplen con la tradición de sustituir el consumo de carne de res, pollo o puerco por pescado o mariscos.

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Tradición contra economía

Para este miércoles Araceli, propietaria del puesto La Gaviota, no espera un cambio en la afluencia de clientes, porque la mayoría ignora que la Cuaresma ya comenzó.

La primera semana no todos saben que ya es Cuaresma, es un miércoles normal, pero ya que se corre la voz, se pone mejor y la venta grande es la semana mayor, que todos obligatoriamente comen mariscos”, relata atenta al flujo de personas, en espera de clientes.

Camarones frescos

Entre hielo triturado, los camarones se ofertan desde 150 pesos el kilo o a 200 pesos el de mayor tamaño. El kilo de jaiba en promedio cuesta cien pesos, lo mismo que el filete que se vende empaquetado.

La pulpa de camarón para cóctel cuesta en promedio 200 pesos, pero el precio de cada producto puede mejorar de acuerdo a la capacidad de regateo de quien compra.

Conforme la cuaresma avance, los precios podrían sufrir un incremento que en promedio se espera de 10 pesos.

Mojarra, la más pedida

Sus 42 años de experiencia como vendedora de pescados y mariscos le hacen tener a María Luisa que el producto que más se comercializa en estas fechas es la mojarra.

“A 80 el kilo de la chica y a cien el de la grande, siempre es lo que más compran y esperemos que no suba”, dice acomodando el producto en su puesto conocido como El Tiburón.

Cuando María Luisa habla de la temporada alta de ventas que en teoría comienza este miércoles, confía en que “se levante el mercado”, porque desde la Cuaresma pasada el movimiento “ha estado muy bajo”.

En los años de la pandemia de COVID-19, cuando se restringió la movilidad de las personas, los pasillos de esta área estuvieron repletos en fechas donde el consumo de mariscos suele aumentar.

Ese efecto no se ha vuelto a repetir y en cambio diciembre significó “tranquilidad” para las ventas, permitiendo que en enero “haya algo, no como quisiéramos, pero si hay venta”. 

Remodelaciones

Desde la perspectiva de María Luisa, las obras de remodelación en el área donde se expende pan y se localizan los comedores perjudican la afluencia de clientes que les hace evitar transitar en ese lado del Mercado, continúo a donde se expenden flores.

Desorden

La mayoría de días las calles que rodean el Mercado y que conforman lo que se conoce como Central de Abasto están repletas de puestos que venden verduras y frutas frescas junto con mariscos.

Ese desorden es parte de la explicación que encuentra Carolina para explicar cómo en dos décadas las ventas han disminuido un 50 por ciento.

Al igual que su hermana Guadalupe, al llevarlas desde bebés al puesto de pescado frito, su mamá Genoveva les enterró ahí su cordón umbilical.

“Hace 25 años, se vendía sin necesidad de sacar el puesto. Se llegaba a las 3 de la mañana y ahora da tiempo de llegar a las 6. Va despacio, está lento, pero si se vende”, dice Guadalupe.

Para comer filete, mojarra o camarones capeados no hay pretexto, con sólo 10 pesos alcanzan para comprar una pieza que se puede aderezar con salsa y limón.

Lo más caro que preparan Carolina y Guadalupe son las mojarras de 70 pesos, si su tamaño es mayor.

Tradición

Es Guadalupe quien recuerda que su abuelo Luis Portillo, a quien veía desconchar el ostión, y su abuela Gabriela Victoria Fuentes, quien fue “la mera, mera patrona” iniciaron a comercializar productos del mar que ellas no han podido dejar, por el vínculo de su economía familiar.

Carolina, cuyo puesto de pescado frito lleva su nombre, es quien está presta a ofrecer lo que su hermana fríe en un sartén, una labor que de tanto repetir podría hacer con los ojos cerrados, de no haber aceite caliente de por medio. 

“Antes se vendían canastos de huevo de tortuga, se freía el variadito, distintos pescados que traían los barcos en costales, la venta en Cuaresma se disfrutaba porque el mercado era muy bonito, nadie se peleaba con nadie, estaba limpio, solito llegaba el cliente”, rememora Guadalupe.

Situación precaria

En esas añoranzas que también tienen un toque de crítica, Guadalupe recuerda que además de ser espaciosos, en los pasillos había jardineras, “pero ahora no puede ni entrar una pipa porque el pasillo de contingencia está lleno de puestos”.

Ese desorden amparado por líderes y autoridades municipales, se suma a la falta de estacionamiento y el miedo de la gente a un robo, factores en contra con los que vendedores de pescados y mariscos esperan que la Cuaresma les represente un incremento en sus ventas.

PARA SABER

La Cuaresma inicia este 5 de marzo y termina el 17 de abril.

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La costumbre de la Iglesia Católica pide abstenerse de comer carne el Miércoles de Ceniza, los seis viernes de Cuaresma y la Semana Santa, como un símbolo de abstinencia.

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