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Clases de regularización, opción de vacaciones por retraso escolar

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

El local en el que Patricia expendía juguetes y que cerró desde marzo de 2020 por la pandemia de COVID-19, este mes lo volvió a abrir, pero con un nuevo giro: dar clases individuales de regularización desde el nivel preescolar a universidad.

Desde hace 26 años Patricia es una docente universitaria que abrió también un negocio para fortalecer los ingresos de su economía familiar, el cual prefirió cerrar para evitar un contagio de COVID-19 y ella, al igual que su esposo, se mantuvieron dando clases a través de las plataformas digitales, una modalidad que impacta en el aprovechamiento a medida de que el o la estudiante tienen menor edad.

Con ella o con su esposo Juan acuden con regularidad sus sobrinos que cursan primaria y secundaria cuando no entienden los contenidos de las actividades que sus profesores les indican, a falta de clases presenciales.

En otras ocasiones Patricia ha sido contratada como maestra particular para impartir sesiones presenciales en casa de algunas personas conocidas que requieren que su hija o hijo mejore su rendimiento académico, pero ahora su oferta la abrió a todo aquel que esté interesado por el anuncio que ha colocado en la puerta de su local comercial.

En unos cuantos días Patricia se hizo de diez nuevos alumnos, porque dos más desertaron porque el hermano menor se quejaba que no entendía las indicaciones, cuando para ser alumno de quinto grado tenía dificultades para seguir los dictados que le hacía.

Desnivelados

“Están con un atraso considerable”, dice al referirse a lo que ha identificado entre sus alumnos recientes, ya que las habilidades adquiridas no corresponden a la edad ni al grado que cursaron a distancia.

“Tengo alumnos que van a quinto grado y no saben sumar ni dividir, por consiguiente no saben multiplicar, para un dictado les cuesta mucho trabajo pensar qué letras van a escribir”, narra.

En un alumno que en el siguiente ciclo cursará el segundo año de primaria identificó problemas para escribir cantidades de más de tres dígitos sin ubicar las unidades de millar: “Les dicto cantidades cortas de mil 585 y no saben, yo veo que sí es un retraso bastante considerable, por eso mi interés de apoyar para que conozcan las letras, los números y aprendan a leer”, resalta.

“Que no esté nada más viendo la televisión” o “que aprenda porque ya está cansado de tanta tarea", son algunas de las razones que expresan mamás y abuelas que han decidido llevar a sus hijas, hijos o nietos con Patricia.

Como sabe que las repercusiones en el rendimiento escolar que dejó el cierre de escuelas por la pandemia no se va a resarcir de inmediato, Patricia ya planea ofrecer de manera permanente sus servicios de asesoría académica.

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