El nombre de Beto se volvió viral en Oaxaca, pero su historia no es nueva. Detrás del caso que indignó a la opinión pública se encuentra una realidad que miles de personas viven todos los días en silencio: la discriminación y el bullying hacia quienes tienen talla baja, una violencia cotidiana que inicia en la infancia y se normaliza en la sociedad.
“El caso de Beto es realmente indignante para nosotros, porque nos hizo ver la realidad que vivimos todos”, señala Yanideth Rueda, presidenta de la Organización de Personas de Talla Baja en Oaxaca. Para la activista, lo ocurrido en el CBTis 25 de Salina Cruz, no es un hecho aislado, sino la expresión más visible de una agresión constante que se reproduce en las escuelas, las calles, el transporte público y los espacios comunitarios.
Beto tiene acondroplasia, el diagnóstico más común que provoca talla baja. Lejos de los estigmas, esta condición no implica discapacidad intelectual. “La acondroplasia únicamente afecta el tema óseo; no hay afectación intelectual. Las personas pueden hacer su vida como cualquier otra”, explica Rueda. Sin embargo, el desconocimiento social suele convertir la diferencia física en motivo de burla, exclusión y abandono escolar.
Prueba de que la talla baja no limita el talento es la propia historia de Beto. Fue deportista, participó en competencias nacionales en Hermosillo, Sonora, obtuvo una medalla y recibió una beca del Instituto del Deporte. Aun así, la presión social, la exposición pública y el desgaste emocional terminaron por alejarlo del ámbito deportivo. “Poner un pie fuera de casa es enfrentarse a las miradas, las burlas y los señalamientos”, resume la activista.
De acuerdo con datos médicos citados por la organización, uno de cada 2 mil 500 nacidos vivos presenta acondroplasia, lo que permite dimensionar la magnitud del problema en un estado altamente demográfico como Oaxaca. A pesar de ello, muchas personas con esta condición permanecen invisibilizadas, especialmente en comunidades rurales. “La mayor parte sigue escondiendo a sus hijos por miedo y desconocimiento”, lamenta Rueda.
Esta violencia cotidiana explica por qué muchos niños y jóvenes con talla baja abandonan la escuela desde la secundaria. No se trata de falta de capacidad, sino de un entorno hostil que expulsa a quienes no encajan en los estándares físicos predominantes. “El caso de Beto nos exhibe como sociedad. Nos obliga a mirar una realidad que durante años hemos preferido ignorar”, concluye la presidenta de la Organización de Personas de Talla Baja en Oaxaca.
