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Ay, Diosito, ayúdanos: Vicente perdió a su esposa, hijos y madre en la volcadura de la Mitla-Tehuantepec

Los familiares de Vicente Pineda perdieron la vida en la carretera Mitla-Tehuantepec.
Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

El último recuerdo que Vicente Pineda tiene de su esposa Eloyda es su voz suplicando ayuda. "Ay, Diosito, ayúdanos. No nos dejes solos", escuchó en la llamada telefónica antes de que la señal se cortara. Luego, solo quedó el silencio.

En el trágico accidente ocurrido en la carretera Mitla-Tehuantepec, Vicente, conocido en Juchitán de Zaragoza como “El Muchacho Alegre”, perdió a su hija Reyna, de 3 años; a su hijo Vicente, de 7; a su esposa Eloyda y a su madre Griselda.

Eran las 6:30 de la mañana cuando recibió la primera llamada. Eloyda le informó que el autobús en el que viajaban se había descompuesto al llegar a Mitla. “No te preocupes”, le respondió Vicente, sin imaginar que sería la última conversación tranquila con su esposa.

Con la certeza de que el problema era menor y que su familia pronto llegaría a casa, Vicente continuó con su jornada laboral. Pero tres horas después, su vida cambió para siempre.

A las 9:30, su teléfono sonó de nuevo. Al contestar, escuchó el llanto de su esposa y su súplica desesperada: “Ay, Diosito, ayúdanos. No nos dejes solos”. Luego, la línea quedó en silencio.

Desesperado, Vicente llamó a Pedro Vladimir, líder del bloque político de Morena en Juchitán, quien había organizado el viaje para asistir a un mitin en la Ciudad de México. Lo que escuchó después lo dejó en shock: el autobús en el que viajaban sus seres queridos se había volcado. A las cinco de la tarde le confirmaron la peor noticia: su esposa, sus hijos y su madre habían fallecido.

A pesar del dolor, Vicente no tiene culpa en la organización política que organizó el viaje. “Los comprendo, fue un accidente”, dice con resignación.

Días antes del fatídico suceso, Eloyda compartió videos en sus redes sociales donde se veía sonriente y emocionada por su viaje a la Ciudad de México. Ahora, su cuerpo, junto con el de Reyna, Vicente y Griselda, regresó a Juchitán en un cortejo fúnebre que conmovió a toda la comunidad.

En el autobús viajaban 42 personas. Dieciocho perdieron  la vida, cinco de ellas aún sin identificar. De los 24 pasajeros que fueron hospitalizados, ocho siguen internados en diferentes hospitales de la capital y del Istmo.

La tragedia ha dejado una profunda herida en Juchitán y en las familias de las víctimas, quienes ahora enfrentan el dolor de una pérdida irreparable.

 

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