Nadia Altamirano Díaz / Fotos: Emilio Morales
Con la economía golpeada por la pandemia y la afluencia turística por la cercanía de la Semana Santa, el trabajo infantil volvió a formar parte de la cotidianeidad de la ciudad de Oaxaca: niños que sobre el pecho sostienen el peso de una caja de madera repleta de dulces o niñas que ofrecen artesanías es la imagen más común de una realidad que se normaliza.
Pero también los hay “ayudando” en pequeños comercios o en los hogares con labores domésticas no remuneradas.
El Inegi, a través de su Encuesta Nacional de Trabajo Infantil, aplicada en el cuarto trimestre del 2019, reporta que el 21.5 por ciento de la población de cinco a 17 años en Oaxaca trabaja, la cifra más alta a nivel nacional.
“No sólo las familias sino las autoridades y la sociedad debemos dejar de ver el trabajo infantil como normal y empezar a verlo como un problema que violenta el derecho que tienen las infancias a jugar, a ir a la escuela”, analiza el Coordinador de Desarrollo Institucional del Centro de Apoyo al Niño de la Calle de Oaxaca (Canica), Alejandro Rafael Lima.
Para que niñas y niños que acompañan a su familia o trabajan en calle, este viernes esa asociación civil montó por tres horas una ludoteca móvil, una forma de garantizarles su derecho al juego o de reducir el tiempo que pasan trabajando.
Derecho a jugar
Con 30 tapetes para piso rugoso de varios colores y conos pequeños frente a la Catedral oaxaqueña, en la Alameda de León, momentáneamente hubo un espacio para los juegos de mesa.
El hijo y las dos hijas de Eneida, una mujer de 25 años que creció en el zócalo mientras su mamá vendía botellas con agua y refresco, fueron de los primeros en acercarse.
“Cuando mi mamá empezó a vender yo tenía ocho años”, recuerda una joven madre que carga a su cuarto hijo, ya que a los 15 años, después de concluir la secundaria, formó su propia familia.
“Se acostumbra una a vivir en el zócalo, a mí me gustaba andar vendiendo con mi mamá”, recuerda, pues de esa misma venta salía el dinero para que le comprara un globo o unas burbujas de jabón con las cuales entretenerse porque su mamá empezaba sus jornadas de trabajo a las 8:00 horas y terminaba hasta las 23:00 horas.
En la calle, el único sustento
Lucía, madre de Eneida, está por cumplir 44 años y en 2021 retomó la venta de agua, dulces, galletas y cigarrillos en el zócalo y la Alameda:
“Yo llegué de San Pedro Quiatoni cuando mi hija estaba pequeña, me dedicaba a cuidarla a ella y a su hermano, pero cuando mi esposo cayó enfermó de la presión y luego le salió un tumor, tuve que salir a trabajar y lo único que podía hacer era vender en la calle”, rememora una mujer para quien mantener su economía familiar es sinónimo de dificultades.
Aunque Eneida tiene su propia familia, ha retomado el acompañamiento a su madre porque está enferma y ya no debería estar tanto tiempo fuera de casa, menos sin compañía.
La puerta de entrada a la situación de calle
Para Alejandro Rafael, acompañar a su madre o a su padre a trabajar en la calle normaliza en niñas y niños este tipo de actividades que les pone ante muchos riesgos.
“Cuando empiezan a trabajar empiezan a relacionarse con cosas no propias de su edad, como las drogas, la violencia por estar en espacios hostiles, la desintegración familiar, deserción escolar o vivir en la calle”, enumera.
La pandemia y el confinamiento obligado para evitar contagios de COVID-19 propició la parálisis de la mayoría de actividades económicas, incluyendo el trabajo infantil.
Deserción escolar
De 70 familias que atendía Canica antes de la pandemia, 18 volvieron a sus comunidades porque los ingresos que obtenían al trabajar en la calle disminuyeron y el riesgo de contagio era mayor.
En contraste, la deserción escolar de infantes aumentó.
De ocho alumnos en aula multigrado que atendía Canica porque no asistían a la escuela, la cifra aumentó a 32, “ya sea que abandonan la escuela porque hubo cambios en su dinámica familiar o porque no podían seguir las clases a distancia”.
La encargada de contacto y sensibilización en Canica, María Elena Pérez Martínez, recuerda que no fue la pandemia lo que suspendió la instalación de la ludoteca móvil, sino más bien que hace cinco años las autoridades municipales pretendían cobrar mil 200 pesos por cada vez que lo hicieran, sin reparar que es una forma de que los niños que trabajan en calle tengan un momento para ejercer su derecho al juego, pues han asumido un rol de sostén económico que no les corresponde.
La ludoteca incluye realizar un recorrido focalizado para identificar a las y los niños que acompañan a su mamá o papá a trabajar, a fin de sensibilizar sobre el impacto del trabajo infantil.
Trabajo infantil15 años, la edad mínima establecida en México para trabajar.
6 horas diarias, jornada máxima para los mayores de 15 años y menores de 16 años que trabajan.
28.5 millones de niños, niñas y adolescentes de 5 a 17 años viven en México.
2.2 millones de la población infantil trabaja.
19.3 millones realiza trabajo doméstico no remunerado
21.5% de la población de 5 a 17 años trabaja en Oaxaca.
Fuente: Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI) 2019.
