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Artesanas de Oaxaca no logran repunte de ventas en Guelaguetza

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

La presencia de turismo abarrotando las calles no había tenido un impacto importante en las ventas de las artesanas. “La gente si viene, pregunta, compra un poco, pero no como pensábamos que sería”, explica una de las productoras de café de altura de Pluma Hidalgo, quien se instaló en el Jardín Carbajal.

Ahí mismo, Juana Martínez Silva, artesana de San Antonino Castillo Velasco, corre con la misma suerte. Es mediodía y aún no ha vendido nada. “Quizá más tarde la gente compre”, expresa con la esperanza de que el turismo que se agolpa en las calles haga el gasto, materialice lo que las autoridades conocen como la derrama económica.

“Es agradable ver que hay muchos visitantes. Como todos estamos esperando que haya reactivación económica. Para ellos que es un gusto disfrutar lo que es la cultura de Oaxaca, que no solamente es en comida, también en el vestido”, expresa mientras va explicando uno a uno cada elemento representativo del vestido tradicional del distrito de Ocotlán, San Antonino Castillo Velasco, Ocotlán de Morelos y pueblos circunvecinos, como San José del Progreso, San Pedro Mártir y San Pedro Apóstol.

“Esa pequeña franja de los Valles Centrales nos enfocamos a elaborar ese tipo de productos que es en cuanto abordado, deshilado y dibujado”, enfatiza.

Con las prendas en mano va detallando cada uno de los elementos que elaboran las manos de mujeres herederas de talento pues ninguna puntada es igual a la otra.

“Este es un trabajo muy completo porque lleva desde dibujar, bordar, tejer, deshilar y bordar sobre el deshilado. Esto es complicado por eso es caro en algunos aspectos. Es un trabajo que nos lleva semanas. Es un trabajo totalmente a mano. Hay prendas que nos llevan tres meses para su elaboración”.

Meses de trabajo

Y es que para el armado de un vestido suelen destinar hasta tres meses de trabajo. El tiempo que se emplea es mínimo si se compara con el costo final del producto, que en promedio oscila en los 4 mil pesos y hasta 10 mil.

Sin embargo, al llegar a las manos del comprador final no falta el regateo, que para Juana Martínez Silva llega a ser comprensible porque forma parte de la cultura mexicana.

“Finalmente, el regateo es parte de la cultura. Si lo vemos desde ese punto de vista, es normal. El regateo desde la cultura mexicana ha sido parte, así como lo es el trueque. Por otro lado, si nos ponemos en los zapatos de los artesanos nos preguntamos: cómo es que regateas el trabajo que es mucha dedicación en tiempo y mano de obra, es como si se nos menospreciara”, dice.

El día avanza y el turismo sigue presente. Algunos observan, preguntan, se toman fotos y después siguen su paso; los pocos llegan a comprar haciendo con ello que la economía tenga movilidad.

 

3

meses de trabajo para ​​una prenda 

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