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Aleida, una vida sin amor

Foto(s): Cortesía
Redacción

Aleída espera respirar libertad, antes de que su piel se marchite entre los barrotes de la prisión.

 

A pesar delas duras pruebas, la belleza no la ha abandonado.

 

 

El próximo 19 de mayo cumplirá dos años de estar internada en el Centro Penitenciario Femenil de Tanivet.

 

 

Recordó que tenía tres días de estar en la ciudad de Oaxaca, cuando fue detenida, “caí con el delito de cohecho, pero conforme fueron pasando los meses, me fueron cayendo procesos”.

 

 

“Al momento de la detención me acusaron que quería comprar a la autoridad  con 50 mil pesos, lo cual ni el dinero ni nada me pudieron encontrar, solamente me pusieron ese delito para retenerme en este lugar”, acusó.

 

 

Como no tenían pruebas suficientes contra ella, “me aumentaron el de delito contra la salud, y así sucesivamente me sumaron el de robo de vehículo, después de seis meses me acusaron de otro robo de otra unidad automotriz, ya que no existen pruebas que me tengan aquí”, refirió.

 

 

Su caso está aún en proceso por lo que aún no se encuentra sentenciada.

 

 

Es de Nuevo León y ya venía embarazada

 

 

Antes de vivir esta pesadilla, ella estudiaba en Monterrey, Nuevo León, “solamente vine a conocer Huatulco con mis compañeros, pero al tercer día ni siquiera llegamos a la playa, nos detuvieron, tenía tres meses de gestación”.

 

 

“Estar internada para mi ha sido demasiado duro porque mi familia es de Monterrey, por lo cual no cuento con visita, ni apoyo, ni nada, además que está conmigo mi hija de un año con dos meses, por lo cual me es más difícil estar en este lugar. Ser madre acá, está canijo”, dijo.

 

 

Desde que tuvo la mala fortuna de ser detenida, perdió toda relación de quien fuera su pareja, “hasta ahora, los únicos que me apoyan económica y moralmente son mis padres desde Nuevo Laredo, donde radican, aquí nadie me ha apoyado”.

 

 

Por lo que, ella se mantiene de sus trabajos y aseos que realiza dentro del penal, además de tejer bolsas, mariconeras y carteras.

 

 

Lo que ella sueña es salir del centro penitenciario y ser una buena madre para su hija, “para darle una buena educación a ella, porque realmente este lugar no es bueno para mi pequeña, y ahora menos, así como está la situación en este lugar, ya que se encuentra demasiado tenso el ambiente”.

 

 

Uno de sus sufrimientos es que, cuando su pequeña cumpla tres años de edad, tendrá que dejarla, “esa es mi preocupación diario, porque mi familia me podrá apoyar económicamente, pero mi madre  está separada de mi padre, entonces, ella tiene que trabajar; mi papá ya tiene su vida realizada con otra persona”.

 

 

Por ello, le preocupa que llegue ese día y que todavía se encuentre purgando una pena, por delitos que asegura no cometió.

 

 

Hay que darle oportunidad al amor

 

 

Referente a que si volverá a tener confianza en un hombre para rehacer su vida, mencionó que “la mayoría de las personas que estamos en este lugar es a causa del que consideramos el amor de nuestra vida, pero estoy consciente que no todas las personas son iguales y hay que darle una oportunidad a otros”.

 

 

De la misma manera que a ella le tienen que brindar para  demostrar que es inocente de lo que la están culpando.

 

 

“Tengo la esperanza de salir algún día, porque eso es algo que muere al último”, concluyó.

 

 

El fuerte y seco golpe de la puerta que la separa de la libertad, la volvió a la realidad, quedando de nueva cuenta en la soledad con su pequeña hija, una joven de tan solo 20 años de edad, que se encuentra lejos de su hogar, familia y del hombre que le prometió no dejarla jamás...

 

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