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Fidelidad y obediencia, llaves para entrar al cielo: Obispo Tut Tún

Foto(s): Octavio Vélez Ascencio
Octavio Vélez Ascencio

La justicia significa fidelidad y obediencia a la voluntad de Dios expresada en su Ley, porque solamente así los católicos podrán entrar al reino de los cielos, aseguró ayer el obispo auxiliar de Antequera-Oaxaca, Luis Alfonso Tut Tún.

 “Por lo tanto, necesitamos una justicia que no sea simplemente la formalidad de las observancias, que nos hacen sentir justos, sino una justicia que no se conforma con lo externo, sino que busca el corazón del hombre, su interior, su ser más profundo”, anotó. 

Durante la homilía de la misa oficiada en la Basílica de Nuestra Señora de La Soledad, el mitrado afirmó que el cumplimiento de la Ley implica de alguna manera, trascenderla, en el sentido de rastrear su origen, ir a su fuente para captar y acoger la plena revelación de la voluntad de Dios. 

“Se trata de adentrarse en el pensamiento de Dios, comprender su esencia, comprender profundamente su plan a través del espíritu mismo de la Ley, percibir las exigencias más profundas de la voluntad divina que conlleva, interiorizarlas, hacerlas propias y cumplirlas”, añadió. 

Por eso, sostuvo que la Ley de Jesús es interior y no se conforma con la observancia física y exterior de las reglas.

“Por esta razón, los cristianos deben ser más justos, es decir, deben buscar y cumplir la voluntad de Dios desde la empatía del propio corazón con el corazón de Dios, quien desea que cada uno de sus hijos se le parezca”, agregó.

Además, expuso que la raíz de la violencia es la ira y por tanto, no se debe solo ante el asesinato, sino ante cualquier arrebato de ira que lleve incluso a enojar, insultar o despreciar a un hermano.

“La ira, sin control, conduce a cualquier violencia, incluso al asesinato, como demuestran muchos asesinos cuando, después del terrible mal que han hecho, reflexionan ‘¿qué hice? No pretendía llegar a este punto’, pero ya es demasiado tarde”, anotó.

Aparte de esto, expresó que los cristianos deben combatir todos los impulsos internos, porque por el atractivo de la belleza, los llevan a considerar a una persona del sexo opuesto como un objeto para poseer y disfrutar, fuera de las reglas del verdadero amor de pareja. “El Señor, por tanto, no limita los sentimientos y deseos justos y buenos que permiten que el amor florezca, crezca y prospere, sino que combate todos los impulsos internos desordenados que, lamentablemente, explotan la sexualidad para transformar el amor en egoísmo”, señaló.

También, subrayó que los católicos cuando discuten con un hermano, deben presentarse ante el juez, el Señor.

“Jesús nos dice que lleguemos a un acuerdo en el camino, es decir, que nos perdonemos mutuamente, porque si nos presentamos ante él para acusar, quizás con razón a un hermano, nos presentará la cuenta de todos nuestros pecados contra él y nuestros demás hermanos”, aseveró. 

Tut Tún dijo que si los católicos se presentan reconciliados, el señor Jesús perdona a ambos, aunque a veces el hermano no acepte la reconciliación. 

“En estos casos, debemos imitar a Jesús y perdonarlo de todos modos, no alimentar odios y resentimientos dentro de nosotros, orar por él y tratarlo con buenos modales, incluso si las relaciones ya no pueden ser tan tranquilas y serenas como antes. El Reino de los cielos es para ti, es para mí, es para todos, es cuestión de conectar tu corazón con cielo para que pueda latir como el corazón de Jesús”, aseguró. 

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