Nueve meses después de los sismos de septiembre de 2017, los daños en la barda perimetral del Panteón General San Miguel, no han sido atendidos.
Acordonar el área con un tapial de protección e impedir el acceso por la entrada principal es lo único que se ha hecho.
El encargado del panteón, Raúl Canseco, informó que ni la barda principal ni el acceso han sido reparados.
Un mes después de los sismos, personal del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) “vino a acordonar el área”, pero nada más.
El único acceso habilitado es por una de las dos puertas laterales.
Al área de los nichos sólo se tiene acceso “cuando se necesita hacer un servicio de inhumación”, ya que si se entierra a alguna persona debe ser en un espacio con servicio de perpetuidad, puesto que no hay espacio para nuevas tumbas.
“Aquí siempre hay necesidades”, admite el encargado, quien refirió que el reclamo más recurrente de las personas es la falta de sanitarios.
Como parte de los daños de los movimientos telúricos a la parte frontal del panteón, el área que sirve de vestidores para las 34 personas que laboran en actividades de limpieza, inhumación y exhumaciones, también presenta fisuras.
Por ello, se empezó a construir en la parte trasera un área de aproximadamente cuatro por doce metros, pero no se ha concluido.
La construcción con paredes de concreto y techo de lámina permanece cerrada.
“Ya no hay trabajadores ni nada, hicieron puros baños, pero ya se instalaron los excusados, pero no hay puertas, hicieron como cubículos”, se quejó uno de los trabajadores del camposanto.
La inconformidad además es que a pesar de que inició la temporada de lluvias, a diferencia de otros años, no se ha nebulizado el panteón donde existen 3 mil 400 nichos y 13 mil tumbas, con 3 o 4 restos cada una.
El riesgo, advierte el personal, lo representa el agua que se acumula en floreros, fuente principal para la reproducción de moscos.
