La biodiversidad de Oaxaca, reconocida como una de las más vastas del país, enfrenta una nueva señal de alarma en los Valles Centrales. En Villa Díaz Ordaz, Tlacolula, autoridades comunales emitieron una advertencia urgente ante la presencia de un felino de tamaño mediano que ha sido detectado en los alrededores de la comunidad y que podría representar un riesgo para la población. El aviso fue difundido por el Comisariado de Bienes Comunales, el Consejo de Vigilancia y el Comité para la Protección de los Recursos Naturales, quienes exhortaron a las familias a tomar precauciones inmediatas ante posibles avistamientos.
De acuerdo con el comunicado, se pidió a la ciudadanía no dejar solos a niñas y niños pequeños, resguardar mascotas y animales domésticos, y reportar cualquier señal del animal a las autoridades locales. También se advirtió que el felino no debe ser perseguido ni agredido, ya que podría tratarse de una especie protegida. En este contexto, recordaron que cazar o matar fauna silvestre protegida constituye un delito federal, con sanciones que pueden alcanzar hasta nueve años de prisión, además de multas económicas y responsabilidades legales adicionales. La recomendación es clara: prevención, reporte y evitar cualquier acto que ponga en riesgo tanto a la población como al ejemplar.
La alerta en Díaz Ordaz ocurre en un momento crítico para la fauna local. Apenas este lunes, un incendio registrado en las inmediaciones de San Francisco Tanivet dejó un escenario desolador: decenas de animales silvestres murieron atrapados por las llamas sin que hubiera una intervención inmediata para rescatar ejemplares o mitigar el impacto ambiental. Habitantes que recorrieron la zona tras el fuego describieron una escena devastadora, al encontrar restos calcinados de conejos, culebras y aves. Lo más alarmante, señalaron, fue el hallazgo de múltiples tortugas muertas en un radio de apenas diez metros, evidencia de que la fauna no tuvo oportunidad de escapar.
Pobladores denunciaron que la tragedia pudo ser menor si existiera una respuesta institucional oportuna. Acusaron omisión por parte de autoridades ambientales y reclamaron que el incendio evidenció el abandono en el que se encuentran áreas naturales vulnerables ante siniestros de este tipo. Hasta el momento, señalaron, no se ha emitido un informe oficial que explique el origen del fuego, ni se han anunciado medidas concretas para atender a los animales sobrevivientes o restaurar el ecosistema afectado. Para los habitantes, la pérdida no solo fue inmediata, sino irreversible: un golpe directo al hábitat y al equilibrio ambiental de la región.
Estos hechos vuelven a colocar sobre la mesa una realidad incómoda: Oaxaca es uno de los estados con mayor biodiversidad de México, pero también enfrenta un nivel crítico de riesgo para sus especies. De acuerdo con la NOM-059-SEMARNAT-2010, en la entidad existen al menos 114 especies en peligro de extinción, lo que coloca al estado en el segundo lugar nacional con más especies en riesgo. Entre las más emblemáticas se encuentran los grandes felinos: jaguar, puma, ocelote, tigrillo, lince y jaguarundi, las seis especies de felinos presentes en México, todas registradas en territorio oaxaqueño bajo algún grado de protección.
La lista de especies amenazadas incluye también al mono araña y al mono aullador, además de tortugas marinas como la caguama, laúd y golfina, famosa por sus arribazones masivas en playas como Escobilla. En aves destacan el loro cabeza amarilla y las guacamayas verde y roja, mientras que entre las especies endémicas sobresale la liebre de Tehuantepec, exclusiva del Istmo. La flora no escapa de esta crisis: orquídeas, biznagas, palmas y árboles como el ocote también figuran bajo protección debido al deterioro de sus hábitats.
Aunque Oaxaca cuenta con refugios ambientales clave como Lagunas de Chacahua, la Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán y el Monumento Natural Yagul, los recientes incidentes muestran que la conservación no puede limitarse a decretos o mapas oficiales. La fauna no distingue límites administrativos: huye del fuego, del ruido, de la tala y del crecimiento urbano, y termina desplazándose hacia comunidades, como ocurre ahora en Díaz Ordaz. En ese contexto, especialistas y pobladores coinciden en una urgencia: establecer protocolos reales de rescate y atención inmediata durante incendios, así como estrategias de manejo para especies silvestres en zonas habitadas.
Mientras tanto, la alerta permanece. En los Valles Centrales, la presencia del felino y la mortandad provocada por el incendio en Tanivet se leen como dos caras del mismo problema: la biodiversidad está ahí, viva, resistiendo, pero cada vez con menos espacio y menos protección efectiva. Oaxaca presume su riqueza natural como patrimonio, pero en el terreno, la fauna sigue enfrentando una carrera contra el tiempo.
