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Crean proteína a base de chapulines en Oaxaca

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Foto(s): Mario Jiménez Leyva
Nadia Altamirano Díaz

Una proteína a base de chapulín, un queso que en vez de leche se elabora con garbanzo, una cuchara comestible y vasos a base de galleta son algunos de los diez proyectos que este viernes presentaron estudiantes de sexto semestre de la ingeniería en gestión empresarial del Instituto Tecnológico de Oaxaca para la evaluación de su asignatura Innovación y emprendedurismo.

A Ángel Gael García Santiago, quien hizo equipo con su compañera Noemí Monserrat Gómez López, se le ocurrió elaborar una proteína a base de chapulín porque tiempo atrás consumía una por su entrenamiento en el gimnasio.

“Cuando investigué qué contiene más proteína, descubrí que por encima de la carne está el chapulín”, pero de este insecto característico no se comercializa proteína en polvo como si se encuentra la de grillo en la Ciudad de México o de otros insectos en algunos países.

Además de encontrar el método idóneo de preparación que incluye la deshidratación, otro reto a superar fue que la proteína tenga sabor a chocolate para que pueda diluirse en agua o leche.

“Sabemos que es difícil la aceptación porque se asocia al chapulín con algo salado”, sobre todo porque en Oaxaca se acostumbra comer como botana, además de que su disponibilidad no abarca todo el año.

“Queremos hacer una granja de chapulines o comprar en grandes cantidades para tener todo el año”, afirmó Noemí al mostrar una empaque de papel con 500 gramos de Protechip que se comercializa en 600 pesos, pero que en un mayor volumen de producción bajaría a 475 pesos.

 

Alternativas para mercados específicos

Que su hermano Mijail de diez años sea alérgico a los lácteos y otros alimentos hizo que Milenka Yamile Vargas Ramírez pensara en producir quesos con otros insumos y su materia de innovación fue el catalizador idóneo.

Junto con sus compañeras Soledad Ortiz Galván y Diana Ivonne Martínez Márques procesaron garbanzo con sal de ajo y levadura integral que “mejora el sabor, evita que solo parezca un preparado de garbanzo y sea un queso”, coincidieron.

Por ahora han desarrollado quesos en presentaciones de 100 gramos que en un empaque de plástico y con la etiqueta de Cheezbanzo comercializan en 40 pesos desde sus cuentas de redes sociales.

“Buscando opciones de quesos sin lácteos, descubrí que la mayoría son peligrosos porque tienen mucha grasa”, reafirmó Milenka,

Además de garbanzo, otra posibilidad era hacer queso de papa, pero Soledad tiene claro que la descartaron por la levadura.

Su nicho de mercado son personas que por indicación médica no puedan consumir lácteos o aquellas cuyo estilo de vida vegano excluye de su alimentación todos aquellos productos que impliquen crueldad animal.

Comercio amigable con el ambiente

A Rolando David Santiago Martínez y a Nicole Juárez Zárate lo que les preocupa son los plásticos de un solo uso que se suman a las 5.7 millones de toneladas anuales de residuos plásticos que se generan en México que diseñaron una cuchara comestible a base de galleta de mantequilla.

En un primer paso Biobocados es una caja con seis cucharas cuyo precio oscila entre los 30 a 40 pesos “porque producimos poco y el precio irá disminuyendo conforme elevemos la cantidad”.

En sus planes, explicó Rodolfo, está elaborar una cuchara comestible con sabor a ajo que sirva para sopas y guisados, porque la actual es principalmente para postres.

“El mercado de este tipo de alimentos es muy amplio, este mercado apenas va iniciando, depende de la educación ambiental”, reconoció Nicole.

En esa misma línea de negocio ambiental está Cookie cup, una vaso comestible a base de galleta que se inspira en los conos de helado.

“Tuvimos un evento que nos obligó a comprar vasos desechables que terminaron en la basura y pensamos en que sería bueno tener unos que pudiéramos comer”, recordó Jaír Martinez Villavicencio, uno de los cuatro integrantes del equipo.

La dureza de la galleta que hornean en forma de vaso es tal que soporta café o chocolate caliente y en refrigeración tiene una vida de anaquel de al menos dos veces sin perder su sabor.

“Este prototipo es de tamaño medio, pero queremos hacer más grandes y otras medidas para que se utilicen para los frappés e implementar su venta a mayoreo”, porque ahora alcanzaron a realizar 50 piezas en una semana.

Apoyo para comercializar

“Si yo tengo una idea y la plasmo en un producto, ahora viene la parte de descubrir con qué apoyos la comercializo, porque todo proyecto implica dinero y a veces gastan más de lo que tienen como ingreso promedio”, explicó la profesora Gabriela Patricia Calvo Arellano.

Con 45 años de experiencia como docente ha visto que en las aulas se gestan proyectos que responden a una necesidad social, como el de una estética canina o espacios de apoyo a tareas para hijos e hijas de madres trabajadoras que ahora son negocios consolidados.

Cereal de tejate, tostadas de papa, pan de garbanzo, rubor o sombra a base de betabel son parte de los productos innovadores que buscan abrirse paso en un mercado cada vez más competitivo.

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