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Cenar pavo en Navidad, un lujo en Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Lo pensaron, pero cuando supieron el precio, lo descartaron. En vez de pavo relleno, María López Cruz y su esposo Fernando, ayudante de albañil, cenarán pollo o pozole, como cada 24 de Diciembre.


Mientras María, junto con su hija Alicia y su nieta Shirel hacen las compras del día, relata que si quisiera que los ocho integrantes de su familia, incluyendo ella, cenen pavo el próximo domingo, su esposo tendría que trabajar todo un mes.


“Siempre, en lugar de pavo preparamos pollo relleno, pozole y ponche, es lo que tradicionalmente cenamos”, afirma mientras su mirada analiza marcas y precios en el anaquel de abarrotes.


Hace dos semanas el esposo de María preguntó al "señor con él que trabaja” el precio de un pavo.


Saber que cuesta 500 o 600 pesos, dependiendo el tamaño, les hizo abandonar la idea.


Si ella pudiera elegir, le gustaría cenar “una pierna mechada al horno, el pavo, otras cosas”, pero los 200 o 250 que su esposo recibe como pago por ayudar en la albañilería no alcanzan para una cena que les representaría un lujo.


“No hay dinero, todo está muy caro, no alcanza, por más que él trabaje y se esfuerce, el dinero no alcanza porque las cosas están caras”, dice sin quejarse, acostumbrada a la precariedad.



La situación "pinta difícil", señalan algunas madres de familia. FOTO: Emilio Morales

El presupuesto destinado para la carne, verdura, fruta, azúcar y otros ingredientes de la cena no rebasará los 300 pesos.


Hay guajolotes, pero no hay venta


Tan sólo para comprar un guajolote en pie, María tendría que destinar lo doble de ese monto.


Mario Martínez García, un vendedor en la Central de Abasto los ofrece en 600 o 650 pesos y alcanzan un peso de 7 a 10 kilogramos, pero desde el sábado pasado no ha vendido otro más.


“Por la economía y lo que acaba de pasar con los temblores la gente no tiene dinero”, dice un hombre que desde el vientre de su madre creció entre la venta de aves para sacrificio, principalmente de personas que de esa manera buscan ahorrarse un poco de dinero.


Él mismo no acostumbra hacer cena para Navidad: “Nosotros casi no, con lo que Dios nos dé, nada más. Lo que importa es el espíritu navideño, estar felices y contentos, tener salud más que nada”.


El pasillo donde expende está vacío, sin movimiento de gente que prevea sus compras para la cena de Navidad o si quiera se acerque a preguntar precios, lo que le genera incertidumbre que la venta cambie.


“A veces no vendemos ninguno”, dice cuando recuerda que el sábado fue el día que vendió el último guajolote, por lo que inevitablemente reflexiona: “Ha empeorado la situación, hace un año estaba un poquito más o menos, no han subido los precios, ya estuviera aquí el ambiente, pero no hay nada.


Vender seis guajolotes antes del 24, uno por día, es a lo que puede aspirar, pero no hay ninguna certeza.

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