El hilo se hunde suavemente, se desliza dibujando historias sobre el lienzo. Relatos que nos hablan de las raíces, de las abuelas enseñando el arte de bordar, del resguardo de un saber ancestral. Son hilos que cuentan historias tejidas o bordadas con las manos de las artesanas oaxaqueñas.
Cada trazo y cada hilvanada nos habla de la vida comunitaria, de la naturaleza y de los seres que nos recuerdan lo bello de la vida, como lo hace Leny, artesana de San Pablo Villa de Mitla a través de sus luciérnagas.
Los diseños
Sus diseños están finamente plasmados en ropa infantil que ella misma confecciona. Tensado en el arillo de bordar, la manta es dócil a cada puntada de aguja. Con la facilidad de un gusanito que se esconde en la tierra, los colores vueltos hilos entran y salen para dibujar una luciérnaga, un pollito en pie o un pollito acostado. “Ahorita se me ocurrió bordar también un chapulín, algo que nos identifica como oaxaqueños”, explica Leny mientras va mostrando cada una de sus piezas bordadas en hilo de algodón e hilo de seda.
Sumergida en los colores, va seleccionando cada uno para crear una obra artística. No sólo es bordar por bordar – explica con la firmeza que le da ser una verdadera artesana-, se trata de hacer piezas que no sólo sean bonitas, sino que reflejen la cultura de la población de origen.
Aprendizaje es una herencia
Como en la mayoría de las familias artesanas, el aprendizaje fue herencia de sus ancestros y ancestras. Ella recuerda a una de sus tías abuelas sentada en el corredor de la casa haciendo crochet al caer la tarde. “Ella tenía en ese entonces 80 y tantos años. Recuerdo la forma de los patrones del tejido que a su vez heredó de sus abuelas conocidas entonces como canasteras”.
Con el tiempo, Leny aprendió el tejido y lo conjuntó con la enseñanza de su madre en la confección de ropita. “Ella no sabía corte y confección, pero le gustaba hacer estos costalitos, como le llamaba porque sólo le cortaba cuello y mangas y ¡ya estaba! Yo le metía el bordado, le metía listones y se transformaba el costalito”.
Su emprendimiento llamado Milys artesanías fue fundado hace siete años. Cada uno de sus diseños son exclusivos porque tiene plasmadas figuras que salen de su imaginación y estilo.
“Aunque le den la vuelta entera a Oaxaca no encontrarán uno igual, por eso quien se lleva una pieza, se está llevando una prenda exclusiva”, afirma con orgullo sabiendo que la originalidad de su trabajo ha hecho que sus creaciones viajen a distintos estados del país e incluso cruzado hacia Estados Unidos.
Cada prenda, con corazón propio
Cada creación, ya sea de Mitla o de Juchitán, de San Juan Colorado o de Tlahuitoltepec, requiere de mucho tiempo, incluso meses de elaboración. Con corazón propio se vuelven únicas e irrepetibles, afirma Rosa Elia López Jiménez, artesana de Juchitán de Zaragoza.
“El bordado a mano es una herencia cultural que lucimos en las velas dibujadas en nuestros trajes regionales, ya sea bordado con aguja, tejido de ganchillo o de cadenilla, los lucimos con orgullo”, exclama.
Con el bastidor al frente toma el ganchillo y lo encaja aplicando un poco de fuerza para traspasar la mezclilla. Por su belleza y colorido, los bordados istmeños saltaron hacia prendas más casuales y de uso diario como las chamarras.
Estos lienzos generalmente son adornados con corazones o flores. “Yo aprendí desde niña porque en casa lo elaboran, toda la familia lo hace. Me sentaba porque me gustaba ver. Mi tía me decía agárralo”.
Atentos a las exigencias del turismo, sin perder la autenticidad de sus bordados, las artesanas idearon nuevos diseños como corazones con fuego que atrapa la mira de las más jóvenes. “Es una pasión que el turismo lleve una parte de mi corazón. Me levanto, veo mi trabajo, lo admiro. Antes de terminarlo ya me imaginé cómo va a quedar”.
San Vicente Coatlán
En San Vicente Coatlán, las mujeres como Clara Hernández Chávez han sido guardianas de un tesoro difícil de igualar. El bordado se llama: hazme si puedes, y como su nombre lo dice, no cualquiera tiene el don.
Clara lo ha intentado, pero a sus más de 70 años, reconoce que es sumamente complicado. Mientras va bordando con la aguja, va contando poro por poro sobre la tela. “Me la paso contando y contando para que salga bien. Mi vista ya se está acabando”.
El hilo es el lazo de unión entre la persona y la artesanía, entre la herencia y el devenir futuro. El hilo es como el cordón umbilical hacia la tierra, hacia la raíz de las culturas de Oaxaca que resisten al paso de los años y la modernidad.
