JUCHITÁN DE ZARAGOZA.- La estadía de San Vicente Ferrer en la región del Istmo de Tehuantepec no ha sido apacible. Sismos, incendios y agresiones directas contra su imagen corren de manera paralela con la historia de este pueblo zapoteca. La desgracia de los temblores del mes de septiembre de 2017 no fue la excepción y hoy las dos imágenes del santo, Gola y Huiini, permanecen fuera del templo que las cobijaba por los graves daños en la estructura de la construcción.
Las torres de sus campanarios, reconstruidas por los sismos de la década pasada, sufrieron severos daños. El campanario del lado derecho desapareció con el sismo de septiembre y el del lado izquierdo es sostenido por una fuerte estructura metálica, pues corría el riesgo de también venirse abajo.
La fachada con dos columnas grandes en la puerta de acceso y dos más pequeñas que enmarcan un ventanal y el pequeño nicho que resguardaba la imagen de bulto del Sagrado Corazón de Jesús, muestra amplias y profundas grietas. La parte superior desapareció. No hay ya nicho, ni ventanal.
En el interior se han colocado polines para evitar un daño mayor, pero todo el inmueble está cuarteado, con profundas heridas que es difícil saber si volverá a resurgir del polvo, al igual que la casa parroquial.
Una estructura metálica soporta la torre del lado izquierdo del templo de San Vicente Ferrer para evitar su caída. FOTO: Mario Jiménez
LOS TRABAJADORES
Dos jóvenes que realizan actividades de retiro de escombro en el templo comentan que, de acuerdo a los responsables de la obra, es posible recuperar el templo y devolverle su imagen.
“Nos dijeron que se va a reforzar y estamos viendo si se quita la torre izquierda; en el caso de la torre del lado derecho, también se puede reconstruir como estaba antes”.
-¿Saben si tiene daños estructurales el inmueble?
-No, adentro no hay mucho daño; colocamos polines para evitar que colpase pero sí se puede rescatar.
Comentan que las torres que se separaron, “pero se van a derrumbar para colocar castillos y reconstruirlas”.
-¿Y sí queda?
-Si.
Expresan que los daños mayores fue en los campanarios, porque uno se cayó y el otro está a punto de derrumbarse, “por eso lo reforzamos”.
-¿Y la casa parroquial cómo está?
-Esa sí hay que tumbarla, quedó mal, pero también se va a reconstruir. Las columnas se pueden volver a levantar y el techo se va a volver a colocar, pero hay que construir una cadena en torno a los muros; después de colocan vigas nuevas y la teja.
Dicen que el templo de San Vicente Ferrer es el más grande de la región y el más concurrido por su historia.
A un lado del templo se improvisó una pequeña capilla para los servicios religiosos de la comunidad. FOTO: Mario Jiménez
LA HISTORIA
La fecha de su construcción es un enigma, aunque se considera probable que se realizara entre 1544 y 1551 porque San Vicente Ferrer llegó al lugar en 1551, a través de sacerdotes dominicos.
El templo católico sufrió todo tipo de avatares, pero sin duda el más atroz se registró el 29 de diciembre de 1870 cuando Felipe Santiago Díaz Mori, mejor conocido como Félix Díaz Mori El Chato, hermano del General Porfirio Díaz, arrasó el pueblo de Juchitán en represalia porque un grupo de juchitecos atacó un retén del Ejército para protestar por los abusos cometidos por tropas del gobierno.
En su obra Vida y muerte de Félix Díaz Mori, el historiador Alejandro Rosas relata que con las llamas aún consumiendo los jacales y frente a decenas de familias que, concentradas en el atrio de la parroquia, miraban cómo la destrucción y la muerte se había apoderado de Juchitán, Félix Díaz hizo galopar su caballo y entró con él al templo. Tomó una soga de su silla de montar y con gran habilidad lazó al santo patrono del pueblo, San Vicente Ferrer.
Agrega que ante la mirada atónita de los juchitecos, el gobernador arrastró al santo por las principales calles del pueblo y, satisfecho por la victoria, decidió regresar a Oaxaca.
Cuando el presidente Benito Juárez recibió el informe de lo sucedido, le ordenó a Félix Díaz que de inmediato devolviera a los juchitecos su santo patrono. El Chato obedeció, pero al percatarse de que el santo no cabía en la caja de madera, decidió cortarle pies, brazos y cabeza. Como trofeo de guerra, la testa del santo quedó en poder de su suegro y el resto del cuerpo fue devuelto a Juchitán.
LA VENGANZA
Un año después, en 1871, el Plan de la Noria enfrentaría a los hermanos Díaz Mori con el presidente de la República, Benito Juárez, por lo que El Chato tuvo que dejar la gubernatura del estado y huir por la Costa.
El 4 de enero de 1872 Félix dejó Oaxaca, no sin antes despedirse de sus hermanas, su esposa y sus amigos. Con una pequeña escolta se internó en la sierra buscando llegar a las costas del Pacífico. Luego de varias jornadas agotadoras, y a salto de mata, ordenó a sus hombres que regresaran para no exponerlos. Solo permaneció a su lado Juan Robles, uno de sus hombres de mayor confianza.
Pero dirigirse hacia los puertos del Pacífico implicaba acercarse a la región del Istmo donde se encontraban los juchitecos, quienes no habían olvidado lo ocurrido poco más de un año antes. El Chato continuó su camino hasta Puerto Ángel, donde al llegar le informaron que el barco estadunidense Adamay había partido y no existía otro transporte para sacarlo del país.
La venganza juchiteca
Félix decidió jugar su última carta internándose en los bosques de Tonameca para ocultarse y regresar a Puerto Ángel cuando atracara Ia siguiente embarcación. Hasta Juchitán llegaron las noticias sobre la ruta que seguía el Chato Díaz. Había llegado la hora de la venganza. De inmediato, dos fuerzas, una comandada por Albino Jiménez, jefe juchiteco, y otra por Benigno Cartas, avanzaron hacia la costa oaxaqueña y el 21 de enero lograron aprehender a Díaz y a su compañero en el cerro del Perico.
Los jefes juchitecos decidieron entregar el cadáver en las mismas condiciones en las que recibieron a su San Vicente: el cuerpo de Félix fue mutilado y sus genitales fueron cortados y colocados en su boca. Después de la siniestra orgía de sangre, los cadáveres del Chato y su compañero Robles fueron llevados a Pochutla, en donde se les dio cristiana sepultura.
