Por Lázaro Peña V., Pbro. / Colaboración
COMPARTIENDO MIS SENCILLOS PUNTOS HOMILÉTICOS
IV Domingo del Tiempo Ordinario, 01 de febrero de enero de 2026, Verde. MR p. 416 [414] / Lecc. I p. 33. LH Semana IV del Salterio. San Severo de Ravena, obispo; Catalina Kasper, virgen fundadora. Beata Juana Francisca de la Visitación, virgen fundadora. Sof 2, 3, y 3, 12-13; 1Cor 1, 26-31, Mt 5, 1-12.
La primera lectura es tomada del Profeta Sofonías, uno de los Profetas Menores, que escribió sólo 3 capítulos y 53 versículos, pero en ellos nos enseña el verdadero sentido de la pobreza y cómo evangelizar. Sofonías nos dice que evangelizar es hacer presente a Dios ante el ateísmo práctico, ese que con palabras no niega a Dios, pero con sus acciones lo borra, lo pisotea y se burla de Él. Por eso Sofonías nos dice: “Sí, yo daré a los pueblos labios puros para que todos puedan invocar el Nombre de Yavé y servirlo también con un mismo celo” (Sof 2, 9). El verdadero pobre es como el hijo pródigo que saca fuerza de flaqueza para volver a Dios a través del sacrificio, la justicia, la verdad y el amor. Para Sofonías la pobreza material no está en los bienes terrenos, sino en la relación con Dios y con el Pueblo.
Para entender mejor la segunda lectura, debemos tener en cuenta que la Iglesia de Corinto estaba compuesta por gente sencilla; Dios cuenta con los pobres para evangelizar a los ricos, incluso para evangelizar a la misma jerarquía; así se explican los caprichos de Dios, que ha escogido a los ignorantes del Mundo para evangelizar a los sabios, a los débiles para evangelizar a los fuertes. Lo importante es que el hombre no debe presentarse ante Dios con actitud orgullosa, pues una comunidad cristiana existe por iniciativa de Dios; el hombre sólo colabora con Dios, pero el Espíritu Santo es quien la alimenta y guía. No depende, pues, de estrategias pastorales, ni de títulos académicos; por eso dice San Pablo “el que se gloríe, que se gloríe en el Señor” (1Cor 1, 31).
En el Evangelio san Mateo nos cuenta cómo Jesús subió al monte, se sentó y sus discípulos lo rodearon para escucharlo. En las bienaventuranzas se nos presentan las exigencias éticas más importantes de Jesús, que jamás deben faltar en la Iglesia. Jesús es el nuevo Moisés, que da al Nuevo Pueblo (Iglesia) sus leyes, mandatos y promesas. La mentalidad moderna pone la felicidad en la riqueza material, pero para Jesús el bienaventurado es el pobre, no como se ha interpretado: pobre sociológicamente, lo cual sólo ha llevado a una lucha de clases, a odiarse hermano contra hermano; no, para Jesús el pobre es el hombre honrado, piadoso y practicante de la justicia, que trabaja por el bien propio y el de los demás, pero que no "endiosa" sus propias fuerzas, sino que humildemente se abandona en la providencia de Dios.
Para llegar a ser un verdadero bienaventurado, un pobre de Dios, debemos vaciarnos, despojarnos de las "seguridades de este mundo", para poder llenarnos de Dios y darnos a los demás. El verdadero pobre se vacía de su egolatría, de su ambición, de su injusticia, de su vanidad y del odio; para luego llenarse del amor, de la misericordia, de la bondad, de la justicia, de la paz y del perdón de Dios; y después hacerlo vida en sus relaciones interpersonales. Sin estos pasos, sólo estaríamos provocando una lucha fratricida, llena de odios y venganzas, que no nos dará ninguna felicidad real y verdadera.
Las bienaventuranzas son como un GPS que nos van señalando el camino para llegar a la eterna felicidad. Este camino ya lo han recorrido los santos, por eso son nuestros héroes en la fe; y nuestra devoción a ellos no debe ser tanto para pedirles “milagros” (los cuales en realidad es Dios quien los realiza), sino para imitarlos en sus virtudes que los llevaron al Cielo.
"Una palabra para recordar y meditar esta semana"
Pobreza: Marx define la pobreza como “carencia para responder a un indeterminado número de necesidades socialmente percibidas”. Aristóteles define la pobreza como “un mal en sí misma, fuente de conflictos sociales”; y por eso menciona que “la ayuda a los pobres es mejorar su situación mediante su propio trabajo”. Sócrates dice que “la pobreza es el despego de las cosas materiales”. Platón dice que “la pobreza no viene por la disminución de las riquezas, sino por la multiplicación de los deseos”. Jesús no dio concepto de pobreza, más bien curó a los enfermos, dio de comer al hambriento, consoló al triste, defendió al débil y perdonó al pecador.
