Por P. Gregorio Gil Cruz Glz.
Evangelio: Lc. 23,35-43
Cuando Jesús estaba ya crucificado, las autoridades le hacían muecas, diciendo: “A otros ha salvado; que se salve así mismo, si él es el Mesías de Dios, el elegido”.
También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a él le ofrecían vinagre y le decían: “Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo”. Había, en efecto, sobre la cruz, un letrero en griego, latín y hebreo que decía: “Este es el rey de los judíos”.
Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús, diciéndole: “Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros”. Pero el otro le reclamaba, indignado: “¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero este ningún mal ha hecho”. Y le decía a Jesús: “Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí. Jesús le respondió: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”. Palabra del Señor.
Celebramos en este día la solemnidad de Cristo Rey, con la cual terminamos este año litúrgico y damos inicio al nuevo ciclo litúrgico, en donde nuestro guía espiritual será San Mateo.
“Este es el rey de los judíos”. El título es ocasión de burla y sarcasmo de los soldados romanos: "Si tú eres el rey de los judíos, ¡sálvate!". Solamente uno de los ladrones intuyó que el reino de ese crucificado tenía que ser de otra índole que los reinos de la tierra, y así le dijo: "Acuérdate de mí cuando estés en tu Reino". El título es, pues, verdadero, pero nos reenvía a un reino de otras características: un Reino de verdad y de vida, un Reino de santidad y de gracia, un Reino de justicia, de amor y de paz". Es el rey de la historia, el que domina y dirige todos los acontecimientos humanos hacia su fin.
El Reino de Cristo no es un reino de honores, de riquezas, de poderes y dignidades como lo entiende el mundo. Su reino es de una dimensión trascendente y espiritual, lo cual no significa que no sea real. No es un reino terreno, sino celestial. Es un reino de amor, de justicia, de perdón, de gracia y de paz; un reino que está muy por encima de las ambiciones humanas. Un reino que heredarán los pobres, los mansos, los que sufren, los misericordiosos, los humildes, los pacíficos, los perseguidos… Un reino, en definitiva, que poseeremos plenamente en la otra vida, pero que ya ha iniciado desde ahora.
Al iniciar este nuevo año litúrgico y sobre todo en los tiempos en los que nos encontramos, qué necesario y urgente es que Dios reine. La humanidad sufre, muere de frío y de hambre; y cada vez más se ve envuelta en un lamentable proceso de descomposición y degradación moral, realidad que tiene como causa, entre otras, la ausencia de Dios; queremos vivir como si Dios no existiera, al margen de él.
El centro del mensaje de Jesús es la instauración del Reino de Dios, que no es comida ni bebida, sino valores muy concretos, como la justicia, la paz, la verdad, el amor en todas sus manifestaciones, la promoción del respeto a la vida, y el crecimiento en la gracia y santidad. El Reino de Dios tiene dos dimensiones: es una realidad escatológica, y una realidad temporal. La vivencia de esos valores con lo cual se inicia el Reino tiene su pleno cumplimiento en la vida eterna. Por ello, los valores del Reino son una realidad transformadora que exigen al hombre una nueva actitud, un comportamiento moral de acuerdo a la dignidad de hijos de Dios. El Señor nos invita en este día a construir aquí y ahora el Reino para poder participar del Reino escatológico.
¡Venga tu reino de amor entre los esposos, entre padres e hijos; de amor hacia los niños y ancianos, hacia los pobres y enfermos, hacia todos los más necesitados de atención, cariño, y ternura. Sabemos que el Reino de Cristo vive en una situación de tensión permanente, porque lo exige su mismo crecimiento, porque encuentra resistencias a su acción transformadora. Con todo, porque llegue este reino de paz, de justicia y de amor trabajamos, sufrimos, oramos los cristianos y todos los hombres de buena voluntad. ¡Venga tu Reino Señor! Viva Cristo Rey.
Qué tarea tan grande tenemos de construir el Reino de Dios. Cuánta sed y hambre hay en nuestras familias y en la sociedad, de justicia, de verdad, de honestidad; de amor, de respeto, de comprensión entre los matrimonios. De respeto a los derechos más fundamentales. Trabajemos por construir el Reino de Dios acá en la tierra para que un día nos diga el Señor: “Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino… porque tuve hambre y me diste de comer, sediento y me diste de beber, en la cárcel y enfermo y me visitaste, desnudo y me vestiste, forastero y me hospedaste”, etc.
Dios nos conceda la gracia de vivir los valores del Reino para participar un día de la gloria eterna, de la vida de Dios.
El próximo domingo iniciamos el adviento, tiempo de gracia que nos dispone a celebrar dignamente la navidad. Dios los bendiga. Feliz domingo.
@PGil_Cruz
