Algunos obispos no han completado su conversión pastoral por la resistencia al cambio, por un enfoque excesivo en los aspectos burocráticos y administrativos, en detrimento de los espirituales y pastorales, y por la falta de formación adecuada en la gestión de los presbíteros y en la gestión de las iglesias particulares en su conjunto, aseguró ayer el arzobispo de Antequera-Oaxaca, Pedro Vázquez Villalobos.
“También considero causas de una falta de conversión pastoral, aquellas relacionadas con el apego a las tradiciones institucionales, la pérdida de contacto con la realidad de las personas y una cultura de poder y control, en lugar de servicio”, aseveró.
Durante la homilía de la Misa con Laudes de la 119 Asamblea Plenaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), celebrada en la sede de la institución religiosa en Cuautitlán Izcalli, Estado de México, el pastor religioso afirmó que la conversión personal de un obispo se manifiesta en la renovada orientación de la propia voluntad a la voluntad de Dios, expresada en la oración de acción de gracias, porque por excelencia es la Eucaristía y en la lectura llena de fe y esperanza de los signos de los tiempos de la comunidad eclesial, transformando las circunstancias de la vida en una oportunidad para alabar y dar gracias a Dios.
De hecho, sostuvo que la misma índole cristológica y trinitaria de su misterio y ministerio, exigen del obispo un camino de santidad, para avanzar progresivamente hacia una madurez espiritual y apostólica cada vez más profunda, caracterizada por la primacía de la caridad pastoral y de su conversión personal, para pasar de una pastoral de conservación a una pastoral decididamente misionera.
“Esto implica, en cada obispo, un cambio profundo en su conciencia y su acción pastoral, para formar en su iglesia particular, una comunidad de discípulos misioneros que viva y anuncie el Evangelio de manera activa y comprometida”, anotó.
Expuso que la continua conversión personal y pastoral de los obispos, es necesaria para su vida episcopal, porque favorece la sinodalidad, tan necesaria en la vida actual de la Iglesia.
“La Iglesia comunión, si tiene como sujeto y no puede tener otro, al pueblo de Dios, es una Iglesia sinodal, porque es la forma que realiza la participación de todo el pueblo de Dios y de cada uno, según su estado y función en la vida y misión de la Iglesia. Y lo logra mediante la relación entre el sentido de la fe del pueblo de Dios, como forma de participación, en el oficio profético de Cristo y la función de discernimiento de los obispos, sus pastores”, agregó.
De esta manera, subrayó que los obispos están llamados a seguir un itinerario de conversión, desde la personal, por ser primordial, porque es la base de la conversión pastoral, para desembocar en la conversión sinodal.
“Pues la posición prioritaria que la sinodalidad ocupa en la Iglesia, busca renovarla, es decir, caminar juntos pueblo y pastores, mediante un proceso de escucha, participación y misión, donde la comunión es la meta suprema, el criterio fundamental y la base de las relaciones. La conversión sinodal del obispo, además implica la participación de todos sus sacerdotes y de sus fieles y un ministerio pastoral más inclusivo y misionero, superando la rigidez clericalista”, asentó.
Ante ello, dijo que la CEM es una red viva y plural de iglesias particulares, bien estructurada, eparquías, vicariatos apostólicos, prelaturas territoriales, diócesis, arquidiócesis y arquidiócesis primada y cada una de ellas, tiene su propio brillo, pero todas juntas trazan una ruta, es decir, el camino de la Iglesia en México.
“Donde en el pasado hubo rivalidad y protagonismos unilaterales, hoy se necesita que se conviertan en puntos de encuentro que favorezcan el caminar juntos en la misma dirección, es preciso que converjamos, porque la unidad es nuestra fuerza más profética ante los dramas que enfrenta nuestra nación. Las diferencias en la formación de cada Obispo, en su sensibilidad pastoral, en su método de conducción y de gobierno y en el establecimiento de estructuras eclesiales no son lastres, sino recursos. El futuro nos obliga a aprender a colaborar más, a crecer juntos, a ser obispos con un convencido estilo sinodal”, aseguró.
