Por P. Gregorio Gil Cruz Glz. / Colaboración
“Dichosos los que tienen sed y hambre de justicia, porque serán saciados”.
Evangelio: Mt. 5,1 - 12
En aquel tiempo cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles y les dijo: “Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen sed y hambre de justicia, porque serán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos serán ustedes, cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos”. Palabra del Señor.
Los "pobres de espíritu" son aquellos que saben que no se bastan a sí mismos, que no son autosuficientes. Se sienten necesitados de Dios y reconocen que el bien viene de Él, como don, como gracia. Evangelio de Hoy (Mt 5, 1-12). Papa Francisco
Jesús nos enseña el camino que nos lleva a la felicidad. La gente se encuentra agotada y cansada después de haber buscado por distintos caminos la auténtica felicidad y la paz verdadera. Jesús, un hombre sensible los observa y les anima ofreciéndoles un camino distinto, difícil pero seguro, para encontrar la felicidad. A aquellos a quienes el mundo consideraba desdichados, y marginados, sedientos de condiciones de vida más dignas, Jesús les presenta un estilo de vida diferente con sus propias exigencias, necesarias para formar parte en su reino, pues como vemos, bienaventurados son los que sufren, los que lloran, los perseguidos por causa de la paz y de la justicia. Estas son las consecuencias para quienes buscan la paz, la justicia, y la verdad.
El hombre tiene una necesidad natural de Dios, decía San Agustín: “nuestro corazón está inquieo hasta reposar en Ti”. El hombre es feliz cuando posee a Dios totalmente y para siempre, el único Ser capaz de colmar todas las aspiraciones de su corazón, el único objeto digno de su inteligencia y voluntad (S.Th. I-II, q. 1-5). El hombre, pues, ha sido creado por Dios para ser feliz, en esta vida y en la otra. "Y sólo en Él encontrará la verdad y la dicha que no cesa de buscar" -como nos recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica (C.I.C., n. 27).
Nuestro Señor conocía el corazón del hombre, sus anhelos de eternidad, por ello nos dio la clave para alcanzar la felicidad. Las bienaventuranzas son un programa de vida, aunque parezca desconcertante o incluso absurdo, la felicidad del hombre está en la vivencia de los bienes superiores que vienen de Dios como la mansedumbre, la paz, la misericordia, la pureza del corazón, la justicia.
Les comparto la reflexión que hace el P. Sergio Córdova LC. ¨Jesús nos asegura que la verdadera alegría la encontraremos en la pobreza, en la humildad, en la bondad, en la pureza del corazón y en la paciencia ante el sufrimiento. ¡De veras que el Señor va siempre a contracorriente de la mentalidad mundana! Por eso hay tan pocos que lo entienden, lo aceptan y lo siguen. Pero es esto lo que da la auténtica paz al corazón. Y lo que transforma al mundo. Son dichosos no los que no tienen nada, sino los que no tienen su corazón apegado a nada, a ningún bien de esta tierra. Por eso gozan de una total libertad interior y pueden abrirse sin barreras a Dios y a las necesidades de sus semejantes. Los mansos son los hombres y mujeres llenos de bondad, de paciencia y de dulzura, que saben perdonar, comprender y ayudar a todos sin excepción. Por eso pueden poseer la tierra¨.
Las bienaventuranzas son el camino seguro que nos conducen a la felicidad eterna. Nada nos puede dar más alegría, paz y gozo que andar en los caminos del Señor. Por eso intentemos ser más misericordiosos, más justos, más honestos. Procurar un corazón más limpio de toda maldad. Aunque el mundo nos ofrezca otros criterios para vivir, mantengámonos en el camino del bien. Y así tendremos un premio grande en los cielos.
“Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas”. Dios los bendiga. Feliz domingo.
@PGil_Cruz
