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Domingo, día del Señor. “Adviento: tiempo de gracia y preparación”

Una imagen simbólica del Adviento, que representa el tiempo de espera y preparación espiritual para la llegada del nacimiento del niño Jesús.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por P. Gregorio Gil Cruz Glz.

Evangelio: Mt. 24, 37-44

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Así como sucedió en tiempos de Noé, así también sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Antes del diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca. Y cuando menos lo esperaban, sobrevino el diluvio y se llevó a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Entonces, de dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro será dejado; de dos mujeres que estén juntas moliendo trigo, una será tomada y la otra será dejada.

            Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el hijo del hombre”.

Palabra del Señor.

Iniciamos con este domingo el tiempo de adviento, tiempo de espera y preparación a la llegada del nacimiento del niño Jesús. Por ello las lecturas que escuchamos van orientadas a esa espera vigilante de la venida del Señor.

            El adviento, expresa un significado de llegada próxima, de acercamiento, de venida. Es por ello que la Iglesia ofrece este tiempo como  un espacio de recogimiento, de meditación y de revisión interior para esperar la venida de nuestro Salvador Jesús, que nuevamente nos ofrece la salvación en su nacimiento. Es un tiempo marcado por la espera y la esperanza; prepara el encuentro definitivo con el Señor, invita a la vigilancia y a la conversión.

Adviento es un tiempo de gracia en el que Dios nuevamente sale a nuestro encuentro para invitarnos a vivir con Él, ha participar de su vida divina. Tiempo de gracia que no se reduce a una simple espera pasiva; es el tiempo que la Iglesia nos ofrece para meditar sobre el caminar de nuestra vida. Por ello es de gran importancia que lo vivamos lo más plenamente posible. 

El tiempo de adviento tiene una doble característica: es el tiempo de preparación a la solemnidad de la Navidad en la cual se recuerda la primera venida del Hijo de Dios entre los hombres, y es a la vez, el tiempo en el que el cristiano proclama su esperanza en la segunda venida de Cristo, al final de los tiempos. Por lo tanto el verdadero y único sentido del adviento es el de la celebración de la esperanza mesiánica y la de revivir en la Navidad la presencia de Dios entre nosotros. Cuatro semanas conforman el tiempo de adviento, cuatro domingos en que escucharemos la Palabra de Dios que nos invita a permanecer en actitud de espera y preparación a la llegada del niño Dios. Es así como el adviento es un tiempo para convertirnos permanentemente en signos de servicio, de perdón, de solidaridad y de justicia. La Iglesia nos propone este tiempo litúrgico, tiempo de gracia, como un espacio de reflexión y preparación a la doble venida del Señor, la histórica y la escatológica.

Y hoy el evangelista nos invita a estar preparados con nuestras buenas obras, porque el día menos pensado vendrá el Señor. Los “tiempos de Noé” vienen a ser como los tiempos de la ausencia de Dios. Por eso San Pablo nos dice: “Desechemos, pues, las obras de las tinieblas y revistámonos con las armas de la luz. Comportémonos honestamente… nada de comilonas y borracheras…”. Y el adviento es un tiempo muy especial para revisar nuestra vida, hacia el final del año Dios nos da la oportunidad de reorientar nuestra vida. 

“Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor”. La exhortación: " Velen y hagan oración … estén alerta” tiene muchas implicaciones. Estar en vela es estar con la mente y el corazón alerta porque en cualquier momento podemos ceder a las asechanzas del demonio. Cuán urgente y apremiante es este llamado del Señor. La maldad que se cierne en la humanidad manifiesta que hemos descuidado esto y hemos caído en una grave descomposición de la persona. La corrupción, las injusticias, la violencia, el trato inhumano, la falta de fraternidad son expresiones de que  no hemos estado en vigilia y que nos ha dominado el pecado. Lo que estamos viviendo nos debe interpelar y comprometer a enderezar el camino, nos hemos equivocado, hemos descuidado la familia, muchos padres de familia no han asumido su responsabilidad de formadores y educadores de sus hijos en los valores humanos, morales y espirituales. Pareciera ser que muchos católicos estamos dormidos y no asumimos con responsabilidad nuestro compromiso cristiano de estar a favor de la vida, de la verdad, de la justicia, de la paz. Es bueno preguntarnos ¿cómo te estás preparando en esta vida para conseguir la vida eterna? Nos dice Jesús: “No vaya a suceder que llegue de repente y los halle durmiendo”. Si estamos en vela y preparándonos, estaremos disponiendo el espacio para que Dios habite en nuestras vidas. Que estas cuatro semanas las aprovechemos verdaderamente para disponer nuestro corazón y así el Niño Dios pueda nacer en nuestras vidas. Abramos nuestro corazón a Dios. 

Preparémonos, pues, para celebrar la venida histórica de Jesús en la solemnidad de la Navidad, pero también y sobre todo preparémonos para el día en que el Señor nos llame a cuentas: “Velen, pues, y estén preparados… porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el hijo del hombre”.

            Dios nuestro Señor nos conceda la gracia de aprovechar este tiempo de adviento para prepararnos verdaderamente al nacimiento del Niño Dios, y así pueda nacer en nuestro corazón en esta navidad. Dios los bendiga. Feliz domingo.

@PGil_Cruz

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