Por Lázaro Peña V., Pbro.
"Este es el Cordero de Dios"
II Domingo del Tiempo Ordinario, 18 de enero de 2026, Verde. MR p. 414 [412] / Lecc. I p. 27. LH Semana II del Salterio. Is 49, 3 y 5-6; 1Co 1, 1-3; Jn 1, 29-34.
Isaías nos dice en esta primera lectura, que Israel es el hijo predilecto de Dios, Él lo formó para que fuera su servidor y hará cualquier cosa por su hijo predilecto. Está dispuesto a defenderlo en todo y con todo, pero le pide que reúna y restaure los lazos familiares de las tribus de Jacob, a todos los creyentes que se mantenían firmes; y que restablezca la fe en el Dios Único y Verdadero; todo esto, porque Israel será la "Lumen Gentium" (luz de las naciones).
Estamos ante la devastada Jerusalén que ha vuelto del destierro y ahora el resto de Israel, que históricamente serían aquellos veinte mil judíos que volvían con la esperanza de reconstruir la nueva Jerusalén.
Siento que en nuestra Iglesia también hay quienes han sido deportados a otras doctrinas, a otros pensamientos o ideologías; ya no presa de la fuerza armada de otros reinos, sino "conquistados" moral y psicológicamente por esos "poderosos intelectuales". Y a veces se predica más la ideología de Engels, de Beauvoir, Alves, etc.; cuando deberíamos ser como esos 20,000 fieles y proclamar al único Dios verdadero, que tan de primera mano nos presenta Mateo, Marcos, Lucas o Juan; así restableceremos también la unidad y la integridad en nuestra Iglesia, como defendía San Pablo (Ef 4, 1-7). Con dolor veo que en nuestra catequesis, hemos dejado de lado al Catecismo de la Iglesia Católica como paradigma, y al propio Concilio Vaticano II; y muchos catecismos parroquiales hablan más de sociología o de ideologías actuales, y al parecer ya no son “Cristocéntricos”; qué bueno sería que alguien o alguna comisión viera esto, pues desde ahí empieza a descomponerse la unidad de la Iglesia.
Sobre la segunda lectura, debemos considerar que San Pablo la envía desde Éfeso, donde residió aproximadamente 3 años (del 55 al 57 d.C). San Pablo en un salón rentado, evangelizaba en esa ciudad todos los días, de 11 de la mañana a 4 de la tarde, pues en esa época se madrugaba mucho y para las 11 am ya habían concluido los negocios. En Corintio, Éfeso, etc., abundaban los "iluminados", los "gnósticos", que eran buenos para la oratoria, pero faltos de verdad; y muchos se dejaban llevar por lo que estos "iluminados" les decían o inventaban, y no por la doctrina de Cristo; por eso Pablo hace énfasis saludando a toda la comunidad cristiana que está en Corinto, a todos a quienes Dios santificó en Cristo Jesús y que son su pueblo santo.
En la cita evangélica, Juan emite su confesión testimonial sobre Jesús, de modo absoluto, y lo presenta como "El Cordero de Dios que quita el pecado del Mundo", quien bautiza en el Espíritu Santo, el Hijo de Dios, que viene a redimir al pecador y perdonar a todo aquel que lo reconoce y se arrepiente. Estamos ante una confesión de fe, que sale de la boca del Bautista, y exclama "Este es el Cordero de Dios".
¿A qué se refiere este título? A estas 5 referencias:
1) Al cordero pascual que Yahvé mandó que se sacrificara en la pascua judía (Éx 12).
2) Al cordero, matutino y vespertino, que diariamente sacrificaban en el templo de Jerusalén (Éx 29, 38 - 46).
3) Al macho cabrío sobre el que, mediante la imposición de manos, se descargaban los pecados del pueblo; y después era llevado al desierto para que ahí se perdiera con todos los pecados del pueblo de Israel a cuestas (Lev 16, 21 - 22).
4) Al cordero que menciona con las características del siervo de Yahvé (Is 53,7).
5) Al cordero que juega un papel importante en la imaginaria apocalíptica (Ap 14, 1) y que representa al Mesías que purifica a su pueblo.
Este es el Cordero que nosotros debemos predicar, en contra de tanto pecado, de tanta ideología y desviaciones que van en contra de las leyes naturales y de la santa y verdadera doctrina que Dios ha dado a su pueblo.
En este sentido, hasta en la Liturgia evitemos sustituir al Cordero de Dios por algún otro canto, por lindo o atractivo que parezca.
"Tres ideas para recordar y meditar esta semana"
Dios es nuestra fuerza para llevar la luz a todas las naciones.
Dios nos santifica en Cristo Jesús, para que formemos su pueblo santo.
Todo el que proclame y reconozca a Jesús como su Dios, es digno de ser bautizado en el Espíritu Santo.
