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COMPARTIENDO MIS SENCILLOS PUNTOS HOMILÉTICOS. "Los rasgos del Mesías"

Una representación artística de Juan el Bautista predicando a sus seguidores, señalando el camino hacia una vida nueva y la llegada del Mesías.
Foto(s): Cortesía
Redacción
  • Domingo II de Adviento, 7 de diciembre de 2025. Morado. MR p. 136 [152]/ Lecc. I p. 6. LH Semana II del Salterio. Is 11, 1-10; Rom 15, 49; Mt 3, 1-12

Por Lázaro Peña V., Pbro.

En la primera lectura Isaías nos va descubriendo los tiempos mesiánicos futuros y las cualidades que acompañarán al Mesías; lo más característico de este anuncio profético es que el futuro Mesías tendrá el Espíritu de Dios y será el Príncipe ideal de los tiempos mesiánicos. Lo maravilloso es que al poseer el Espíritu de Dios, se identifica con el mismo Dios (es Dios). 

Moisés, los ancianos, los profetas, los jueces y los reyes participaron del Espíritu de Dios, que los convirtió en instrumentos suyos; pero jamás tuvieron la posesión total, como el Ungido, Cristo Jesús. Por eso los frutos del Espíritu no son perfección humana egocéntrica, sino cualidades desarrolladas en alto grado para bien de la comunidad. Isaías nos habla de 6 dones, para mostrarnos la alta perfección con la que gobernará el Mesías. 

Isaías en esta visión paradisiaca ve que los enemigos convivirán, que todos al tener a Cristo en nuestro corazón quitaremos el odio y habrá amor, se acabará la iniquidad pues habrá justicia, borraremos la mentira para que reine la Verdad, se aniquilará la guerra para que triunfe la paz; todos viviremos en el paraíso de amor, de fraternidad, de abundancia de caridad. 

San Pablo, en la segunda lectura, nos pide vivir en armonía unos con otros, pero conforme al Espíritu de Cristo; también pide que Dios nos haga beber de su fuente de paciencia y consuelo, pero cuidado, consuelo no se trata de una resignación fatalista, porque un pueblo humillado no puede tener otro consuelo, sino la esperanza de ser liberado, y tiene que luchar, sacando fuerza de flaqueza (Is 40, 1-2). Para esto debe vivir en armonía, conforme al Espíritu de Cristo; y jamás alimentar la división. La armonía siempre nos llevará al triunfo del amor y de la paz, pero tenemos que sacrificar nuestro egoísmo y dejar de creernos la "divina garza", cuando en realidad no somos más que "zopilotes viejos".

En el Evangelio se nos presenta a Juan el Bautista (del griego Yojanan= Dios ha dispensado). Juan el Bautista era hijo del Sacerdote Zacarías, que acoge su llegada con el canto del Benedicto. Juan bautiza a Jesús, Quien lo bautizará después en el Espíritu Santo y en el fuego (Mt 3, 11). 

El estilo de Juan es como el de los profetas antiguos, tanto por su vestidura áspera, como por la austeridad de su vida (2Rey 1-8); era un predicador penitencial. El contenido esquemático de su predicación se asemeja al de Jesús, en que exige la conversión, la verdad y la justicia. La conversión también era un tema que exigían los fariseos, pero con la gran diferencia que los fariseos sólo exigían la conversión de la mente, mientras que la conversión de Juan y de Jesús exige un cambio total de vida, hacia Dios y hacia el hombre, con el ingrediente principal de "las buenas obras"; por eso Jesús advierte que "el árbol se conoce por sus frutos" (Mt 12, 33); y por lo mismo Juan no bautiza a los fariseos, ni a los saduceos, les dice: "¡raza de víboras!, ¿quién les ha dicho que se van a salvar?, más bien hagan ver su conversión con sus obras, porque el hacha está puesta a la raíz y todo árbol que no dé buenos frutos será cortado y echado al fuego"

Así también nosotros, en este adviento, que es la preparación para que nazca Jesús en nuestro Corazón, adornémoslo con buenas obras, quitando las telarañas del odio, del rencor, de la envidia; porque la Navidad no es adornar la casa con lucecitas de colores, sino adornar nuestro corazón para que sea su pesebre. Que esta Navidad el Niño Jesús no tenga que irse a buscar posada en otro lugar, entre los animales, porque los corazones de los hombres tengan cupo completo de injusticia, de odio, de venganza. 

"Tres palabras para recordar y meditar esta semana"

Don: Dádiva, regalo o presente (material o inmaterial), en especial el que un ser superior hace a alguien. En el sentido católico, los dones que hemos recibido de Dios han de servirnos para bien propio y el bien de los hermanos.

Don de piedad: En el texto bíblico de hoy se nos mencionan 6 dones del Espíritu del Señor, en la Iglesia Católica consideramos la existencia de 7 Dones del Espíritu Santo; esto es, porque el don de piedad fue añadido en la traducción latina de la vulgata y los setenta. En mi humilde apreciación y desde el atrevimiento de mis escasos conocimientos teológicos, siento que la piedad, más que un don (regalo), podría considerarse una especie de virtud moral que el propio creyente debe cultivar; se trata de la relación de amistad, de amor, de pertenencia, de confianza que tenemos con Dios. Pero por ningún motivo estoy reformando la doctrina católica, ¿de acuerdo?; al contrario, intento explicar que, como dice el Papa Francisco: la piedad "toca el corazón de nuestra identidad y de nuestra vida cristiana... indica nuestra pertenencia a Dios y nuestra relación profunda con Él, una relación que da sentido a toda nuestra vida y que nos mantiene firmes, en comunión con Él, también en los momentos más difíciles y complicados. (Catequesis del 4 de junio de 2014).

Mesías: Del Hebreo "Ungido". Persona ungida con el aceite sagrado y, en consecuencia, consagrada o destinada a una misión en el pueblo (en favor de la comunidad, no tanto para ocupar un puesto de prestigio).

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