Por Lubia Esperanza Amador
Este domingo, 11 de enero, celebramos la Fiesta del Bautismo del Señor; oficialmente concluye el tiempo de la Navidad, es muy propio que hasta esta fecha se quiten los signos navideños en nuestro hogar.
Cada año el Papa Francisco, que de Dios goce, solía celebrar esta Solemnidad del Bautismo del Señor, impartiendo, en la Capilla Sixtina, el Sacramento del Bautismo a los hijos de empleados del Vaticano; ¡qué maravilla!, ¿no te parece? Será lindo ver que el Papa León XIV, a quien se le nota el aprecio especial y la empatía que brinda a los niños, tenga la oportunidad de continuar con esta preciosa costumbre.
El Papa Francisco, pedía en esas ocasiones a los padres de los pequeños, no perder de vista la importancia del regalo que recibirían sus hijos con ese Sacramento. También nos pedía a cada cristiano que, así como recordamos la fecha de nuestro cumpleaños, investiguemos y recordemos la de nuestro Bautismo y siempre llevemos esta fecha en el corazón, para agradecer al Señor la gracia de este Sacramento. Y es que, como el Papa nos recordaba, el Bautismo "no es un simple rito, no es una formalidad; es un acto que toca en profundidad nuestra existencia. Nosotros, con el Bautismo, somos sumergidos en aquella fuente inagotable de vida que es la muerte de Jesús, el más grande acto de amor de toda la historia; y gracias a este amor, podemos vivir una vida nueva, no más a la merced del mal, del pecado y de la muerte, sino en la comunión con Dios y con los hermanos".
¿Y recuerdas al Padre que te dio el Bautismo? ¿A tus padrinos, los recuerdas?, ¿los frecuentas? Lo más probable es que hayas sido muy pequeño cuando te bautizaron, pero te sugiero que, si no los sabes, también esos datos investigues, para que tengas a estas personas en tu mente, tu corazón y en tus oraciones, pidiéndole a Dios que retribuya a cada uno ellos, y a tus padres, su empeño para que recibieras este Sacramento.
¿Y qué hemos recibido en el Bautismo? Básicamente 5 grandes regalos: El Bautismo nos hace hijos de Dios (Gál 3, 26-27; 1Jn 3,1); nos hace hermanos de Cristo, coherederos del Reino (Juan 15, 5); recibimos al Espíritu Santo (He 2, 37 y 19, 3-5; 1Co 15, 45-47); nos borra el pecado original o cualquier otro pecado (Rom 5, 12-21 y 6, 1-5); y nos hace parte de la única Iglesia fundada por Cristo (Mt. 16, 18; 1Cor 12, 13-27; He 2, 41-47).
Como te digo: por haberlo recibido de niños no comprendemos inicialmente el don inmenso que recibimos con el Sacramento del Bautismo (así que el compromiso de educarnos en la fe, lo asumen nuestros padres y padrinos); y por eso el Catecismo de la Iglesia Católica (numeral 1231) nos recuerda que “por su naturaleza misma, el Bautismo de niños exige un catecumenado postbautismal. No se trata sólo de la necesidad de una instrucción posterior al Bautismo, sino del desarrollo necesario de la Gracia bautismal en el crecimiento de la persona. Es el momento propio de la catequesis”. Por eso, se ha vuelto común que en las parroquias nos pidan llevar a nuestros hijos a hacer la “Renovación Bautismal”. ¡No, no es un capricho de la Iglesia, no es volver a recibir otro Sacramento, no es volverlos a bautizar, no! Es brindar a los bautizados la formación catequética necesaria para que conozcan el Sacramento que los hizo hijos de Dios, a fin de que aprendan a vivir acorde a esa altísima dignidad de poder llamar a Dios “Abbá” que significa “Papá” (Mc 14, 36). ¡Que así sea!
