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CATÓLICO INSTRUIDO, NO SERÁ CONFUNDIDO. ¡Feliz cumpleaños Jesús!

La figura del Niño Dios yace en un humilde pesebre, simbolizando su llegada al mundo y el nacimiento de Jesús.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Lubia Esperanza Amador

¡Cuánto ambiente festivo en esta temporada! Si te das cuenta, desde hace algunas semanas los medios de comunicación nos han presentado infinidad de anuncios publicitarios de productos y servicios "navideños"; así que entre esos y los spots políticos suman varios millones en tan sólo unas semanas, ¡un verdadero bombardeo audiovisual!

Por eso te invito a que hagamos una pausa en nuestra agitada vida, para recordar el verdadero sentido de la Navidad, que consiste en celebrar la presencia renovadora de Cristo que vino a salvar al mundo; es el cumpleaños de Emmanuel, el Dios-con-nosotros, Quien no se aferró a sus prerrogativas divinas, sino que se hizo uno como nosotros y en la fragilidad de un recién nacido, llegó al Mundo en un humilde pesebre que sus padres, San José y María Santísima, convirtieron en la más pura y digna cuna para recibir a nuestro Niño Dios, al Rey de reyes y Señor de señores. 

Qué tan importante es el Nacimiento de Cristo, que "partió” en dos la historia de la humanidad, por eso decimos: “en tal año antes de Cristo, o después de Cristo”. Es por ello que la Iglesia Católica, en su misión de ir por el mundo llevando la Buena Nueva, ha querido dedicar un tiempo a profundizar, contemplar y asimilar el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios; a este tiempo litúrgico lo conocemos como Navidad, el cual forma una unidad con el Tiempo de Adviento y la Epifanía. El 25 de diciembre, día en que celebramos la Natividad de nuestro Señor Jesucristo, es día de “precepto”; es decir, que lo católicos (desde que tenemos uso de razón) tenemos la obligación de participar de la Misa entera, así como lo hacemos los domingos y en otras fiestas tan importantes como la Epifanía (mejor conocida como el día de Reyes). 

Claro que no basta creer, celebrar y orar; además hay que “obrar”; y la Navidad es un momento ideal para hacer todo aquello que tenemos pendiente: como reconciliarnos con Dios a través del Sacramento de la Confesión y reconciliarnos también con nuestros hermanos. Es momento oportuno para afianzar nuestro amor conyugal, para mejorar nuestro desempeño como padres, para ser mejores hijos, para mejorar nuestras relaciones de amistad, para expresarnos y demostrarnos cuánto nos queremos. Es momento de perdonar de corazón las ofensas, y pedir humildemente perdón por todo lo malo que hayamos hecho a nuestros semejantes; y además es la temporada ideal para vestir al Niño Dios en el cuerpo débil de nuestros hermanos enfermos, en el cuerpo hambriento de los niños de la calle, en la soledad de nuestros ancianitos, en la necesidad económica de nuestros pobres, etc. 

Ojalá esta Navidad no la hagamos comercial, vacacional o simplemente decorativa; sino que preparemos en nuestro corazón el mejor pesebre para recibir al Niño Dios y que no tenga que "huir" de ahí, como cuando sus Papás tuvieron que esconderlo en Egipto; sino que nuestro corazón sea su eterna morada. ¡Feliz cumpleaños Jesús, feliz Navidad a todos!

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