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"¿Cada cuántos años debo cambiar de madrina de mi imagen del Niño Dios?

Varias figuras del Niño Dios vestidas con diferentes trajes, representando la tradición mexicana de elegir una madrina para su cuidado anual.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Lubia Esperanza Amador / Colaboración

CATÓLICO INSTRUIDO, NO SERÁ CONFUNDIDO

 

En los días anteriores a "La Paradita" del Niño Jesús muchos feligreses mexicanos se encuentran atareados preparando la ropa que habrá de lucir la imagen del Niño Dios, que previamente llevaron a reparar; y se esmeran preparando los tamales y el atole para la convivencia posterior a la Misa de la Presentación del Señor en el Templo (Solemnidad que mucha gente tiene la tradición de llamar “la Paradita”). Esta es una arraigadísima costumbre que muestra la piedad popular en torno al Niño Dios, por eso la Iglesia la permite; sin embargo, es importante iluminar todas estas tradiciones con la Palabra de Dios y las enseñanzas de la Iglesia, a fin de no caer en actos que rayen en la superstición o hasta en idolatría. 

Por ejemplo, el atuendo de la imagen del Niño Dios, al que mucha gente llama "vestido", debe ser acorde a su dignidad de Hijo de Dios y Salvador nuestro; ciertamente Jesucristo se abajó para hacerse un hombre como nosotros (Fil. 2, 6-8), excepto en el pecado (Heb 4, 15), por supuesto; pero aun así, no parece ser tan correcto vestir al Niño Dios con ropa de algún Santo o de Ángel, pues estamos ante la imagen del Rey de reyes, Señor de señores, el Hijo del Altísimo; sería tanto como "bajarlo de categoría" ¿no te parece?

Tampoco tiene sustento bíblico, ni teológico, el hecho de vestir al Niño Dios de tal o cual manera, dependiendo de los años que tengamos de llevarlo a bendecir; esto es mera costumbre cuyo origen se desconoce; tampoco se tiene la obligación de que el padrino o madrina, funja como tal cierto número de años; lo que sí es rescatable es ese “compadrazgo” que se empiezan a reconocer, pues aunque no se trata de un Sacramento, sí se trata de un sacramental y es muy interesante ese compromiso cristiano de respeto y fraternidad entre los nuevos “compadres”. 

La costumbre indica que aquella persona que encuentre la imagen del Niño Dios en la Rosca de Reyes ofrecerá el 2 de febrero tamales y atole a sus familiares y amigos, como muestra de la felicidad de haber encontrado al Niño Dios. Esta costumbre es una ocasión excelente para convivir y reafirmar lazos de fraternidad con los demás; ojalá se conserve. Sin embargo, no nos quedemos únicamente en los actos externos, en la mera fiesta social; sino démosles un sentido más profundo a todas estas costumbres. 

Recordemos que esta solemnidad litúrgica es para conmemorar la Presentación de Niño Dios en el Templo, a donde sus padres, San José y María Santísima, lo llevaron para consagrárselo a Nuestro Padre Dios (Lc 2, 22 – 35), por tratarse del primogénito varón, tal como lo establecía la ley de Moisés (Lev 12, 1-8). Comúnmente conocemos a esta fiesta como la "Candelaria", palabra que proviene del Latín "candela” que significa “vela”; pues tal como lo dijo Simeón y lo repite san Juan: Cristo es la Luz del Mundo (Jn 8, 12). 

Por eso, celebrar la Candelaria es reconocer en Cristo la Luz que disipa las tinieblas del pecado, de la muerte; qué bueno que abarrotemos el 2 de febrero los templos católicos para llevar a bendecir nuestras imágenes del Niño Dios, pero es también importante que al volver a nuestro hogar coloquemos a Jesús en el lugar principal, no sólo en imagen sino en espíritu, darle el sitio de honor para que sea Luz de nuestro corazón, de nuestra familia; de esta manera nosotros nos convertiremos en sal de la Tierra y luz del Mundo y así construiremos una sociedad donde se practiquen los valores del Reino de Dios: amor, justicia, paz, libertad, misericordia, igualdad, fraternidad, solidaridad, bien común; necesarios todos ellos para vivir en armonía y con la dignidad de hijos de Dios. ¡Que así sea!

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