Las criptomonedas, al igual que cualquier otro activo financiero, tendrían que estar sujetas a impuestos que regulen el funcionamiento del mercado, no solo evitando la realización de actividades ilegales que puedan surgir del vacío legal, sino también generando recursos adicionales para el gasto público.
Puede que muchos lo traten de dinero, pero la realidad es que sigue siendo regulado como un activo de inversión y no como una moneda real. Eso si es que está regulado del todo, ya que actualmente es posible encontrarse decenas de economías en todo el mundo que ni siquiera han comenzado a proponer a qué tipo de impuestos estarán sujetos estos activos.
Los impuestos sobre las criptomonedas
Aunque muchos países han realizado proyectos de ley para obligar a los inversionistas a pagar impuestos sobre las criptomonedas, lo cierto es que se trata de un mercado demasiado novedoso como para ser regulado efectivamente. La heterogeneidad en cómo se maneja este tema a nivel mundial es un ejemplo de esto.
En España, por ejemplo, las criptomonedas están sujetas al mismo impuesto que está destinado para los productos de ahorro e inversión, que pueden ir desde un gravamen del 19% hasta el 23% según las ganancias registradas. Por su parte, en Estados Unidos, las criptomonedas forman parte de un vacío legal en distintos aspectos, como pueden serlo las reglas de venta de lavado.
Esto ha hecho que distintos partidos y especialistas en economía propongan regulaciones para lograr que las criptomonedas sigan las mismas reglas que activos similares. Sin embargo, hay algo en lo que la mayoría de las entidades internacionales coinciden: la mejor forma de gravarlas es bajo la figura de propiedad o inversión.
¿Cómo puede afectar?
En casos específicos como lo que ocurre en Estados Unidos con las reglas de venta de lavado, la aplicación de impuestos puede limitar las ganancias registradas por inversionistas que saquen provecho a vacíos legales para su propio beneficio. En casos como el de España, simplemente recortan parte de las ganancias totales, como ocurriría con cualquier ingreso.
No es necesariamente un aspecto negativo, pero sí tiene el potencial de disuadir a los usuarios al momento de tratar de adoptarlas como método de pago, ya que estarían siguiendo reglas de juego muy distintas a las que regulan el dinero tradicional. Esto, en consecuencia, podría potenciar la inestabilidad.
En el caso de las criptomonedas, el mercado no sería muy distinto a como lo es actualmente (estando caracterizado por una gran volatilidad), pero sí podría tener un efecto mayor en la inversión de derivados. Esto se debe a que este tipo de inversión, que puede realizarse en plataformas como Bitcoin Trader, no se regula en conjunto con el resto.
Así, muchos inversionistas pueden migrar hacia los derivados para asegurar el 100% de sus ganancias, pero arriesgando la estabilidad del mercado, todo al tiempo que pueden impulsar nuevas (y más estrictas) regulaciones.
El activo de inversión
Especular sobre los posibles impuestos sobre las criptomonedas sigue siendo precoz, ya que este mercado no solo está sujeto al uso de esta tecnología como activo de inversión, sino también como método de pago, lo que hace que regularlo sea mucho más difícil de lo que parece en la teoría.
Las diferencias ideológicas entre naciones también hacen que alcanzar un estándar regulatorio internacional sea una tarea casi imposible. Mientras que China prohíbe por completo cualquier actividad del mercado, países como El Salvador las adoptan como moneda de curso legal, aún cuando el gobierno no tiene las herramientas para brindar garantías adecuadas a los ciudadanos.
Regularlas será una tarea difícil que requiere de estudio y coordinación para poder llevarse a cabo de forma adecuada.
