Agencia Reforma
CIUDAD DE MÉXICO.- Las reformas en materia de salud mental y adicciones representan un gran logro, pero preocupa la falta de recursos para implementar la transformación que implican, indica María Elena Medina Mora, directora de la Facultad de Psicología de la UNAM y exdirectora del Instituto Nacional de Psiquiatría.
Los cambios a la Ley General de Salud, aprobados el 5 de abril por el Poder Legislativo, contemplan que se ofrecerá atención a la salud mental en la red general de centros de salud y hospitales, y no exclusivamente en hospitales psiquiátricos.
"La ley es un gran paso, es un gran logro; me preocupa que sin recursos será difícil y que tendrá que hacerse en una forma mesurada. "Necesitamos que les den dinero a las personas que han ideado esto, que lo han ideado muy bien; para poderlo implementar sí necesitan recursos".
Actualmente, dice, alrededor de un 50 por ciento de la consulta ambulatoria de salud mental recae en los hospitales psiquiátricos, aunque anteriormente se han hecho esfuerzos por bajar la consulta al primer nivel de atención.
La experta indica que en las reformas se establece que la transformación será paulatina y en la medida que se puedan dar las condiciones, y esto tiene que ser así porque sí se disminuyen camas en los hospitales psiquiátricos, y no se aumenten en los hospitales generales, se corre el riesgo de que suceda lo mismo que en otras naciones, es decir, que haya más pacientes con enfermedades mentales en situación de calle y en las cárceles.
"Muchos países (...) cerraron los hospitales psiquiátricos y empezamos a ver a los enfermos durmiendo en las salidas del Metro, en un estado de abandono muy grave, y también se incrementa el número de enfermos en las cárceles", advierte.
Agrega que el presupuesto que recibe salud mental del presupuesto de salud en México es más bajo de lo que debería por el nivel de desarrollo, ya que es de sólo 2 por ciento.
"Estamos viendo que las necesidades serían ocho veces más de lo que se está dando ahorita".
La especialista alerta que la OCDE estima que la enfermedad mental no tratada cuesta 4 por ciento del PIB. Además, aclara que la solución no puede darse a partir de la atención de la salud mental en instituciones separadas del sistema de salud.
"Lo que se ha visto es que cuando se incorpora la salud mental a los servicios (de primer nivel de sistema de salud), entonces se puede muy bien mejorar la atención en las primeras etapas, cuando las personas enferman, y se tienen muchas posibilidades que no avancen a estados más graves.
"Entonces, en los hospitales generales se requiere que se admitan enfermos para hospitalización, pero que haya lugares especiales para protegerlos. Tienen que tener las condiciones para proteger a quienes traen una ideación suicida, por ejemplo, que no es más que quitar de las habitaciones todas las posibilidades de que atente contra su vida, mientras se recupera".
Lo que dice exactamente la ley es que habrá una transformación en estos hospitales psiquiátricos, pero no habla de que van a desaparecer, no todos van a desaparecer, agrega.
"Habla de hospitales psiquiátricos que cuenten con las condiciones de infraestructura y organizacional, que transitarán a centros terapéuticos para la atención de la salud mental; es una concepción diferente".
Sin tratamiento, 70%En México alrededor del 70 por ciento de quienes requieren tratamiento para atender una enfermedad mental no lo recibe y, cuando lo recibe, lo obtiene muy tardíamente, advierte Elena Medina Mora.
"Por ejemplo, con la depresión tenemos entre 14 años que aparece la enfermedad hasta que (la persona) llega a tratamiento, y lo que pasa es que, lógicamente, discapacita, incapacita la vida de la persona", señala.
"Es uno de los trastornos, incluyendo trastornos físicos, con el que más discapacidad se asocia, tiene muchas pérdidas.
Un adolescente que se deprime es probable que pierda la escuela y entonces pierde oportunidades de vida. El tratamiento adecuado y temprano modifica desde luego el desarrollo de la enfermedad y el bienestar de la persona".
La experta explica que esto se debe a la falta de seguridad social por parte de la población, al estigma que existe en torno a las enfermedades mentales, lo que retrasa la búsqueda de tratamiento, pero, además, a que la atención de las enfermedades mentales y adicciones se quedó fuera del sistema de salud.
"Desde que se empezaron a abrir centros de tratamiento para adicciones, como para salud mental, se siguió una estrategia de dejarlos fuera del sistema de salud (...) y lo que ocasionó es que los enfermos no tuvieran acceso a los servicios complementarios de salud.
"Por ejemplo, el alcohol está asociado con 200 enfermedades y condiciones, entonces, es muy frecuente que una persona que tiene un problema de alcohol, también tenga problemas de hígado, cardiovasculares, caídas, y cada atención se da en diferente lugar.
"Lo que observamos es que tienen una muerte prematura, y esto se debe al no tratamiento que tienen como cualquier persona y las que están muy relacionadas con su enfermedad, entonces parte de lo que estamos buscando es que exista una atención integral".
La especialista indica que el hecho de crear centros especializados en atención de salud mental y adicciones ha hecho que el costo de la atención sea muy caro.
"Se tienen que abrir centros especiales en lugar de capacitar a las personas que están en el sistema de salud y que se puede atender. Por ejemplo, una persona con depresión, si además tiene diabetes, su diabetes será más grave y habrá menos adherencia a tratamiento, entonces sí tiene una ventaja que los trastornos se traten de manera integral con la persona en el centro".
Otra problemática, agrega, es que una vez que los pacientes llegan a tratamiento enfrentan la carencia de medicamentos. "Hay medicamentos, por supuesto, en el mercado, pero a las personas les cuestan muy caros. La enfermedad mental es una enfermedad crónica no transmisible, quiere decir que las personas viven muchos años con la enfermedades; varía por tipo de enfermedad.
"Hay depresiones que son un solo episodio y la persona se recupera, pero la mayor parte tiene recaídas y necesita tratamiento continuo; con la esquizofrenia, la persona se muere con esquizofrenia, no de esquizofrenia, y va a tener que tomar medicamentos durante su vida.
"Entonces, el costo para las personas, sobre todo para quienes no tienen seguridad social, es muy elevado. Recibían tratamiento, pero no siempre podían tomar el medicamento. Ahora toda esta reforma de dar el medicamento gratuito que ya ha empezado, es un gran avance; pero ahorita lo que tenemos es todavía mucha población sin tratamiento", detalla.
Aumenta malestar emocionalAntes de la pandemia de COVID-19, el 30 por ciento de la población en el país tenía un diagnóstico de trastorno mental en algún momento de su vida, actualmente un 30 por ciento más presenta síntomas de probable enfermedad mental, sin embargo, a la fecha no existe un diagnóstico, alerta Medina Mora.
La experta indica que, tras la emergencia sanitaria, una tercera parte de la población reportó principalmente a través de encuestas en línea y telefónicas, síntomas de depresión, ansiedad y estrés postraumático.
Sin embargo, no se sabe en cuántos casos podría tratarse de una enfermedad que tenga todos los elementos para diagnosticarse, porque los estudios que se han hecho han sido de tamizaje y no de diagnóstico.
La directora de la Facultad de Psicología de la UNAM indica que los problemas emocionales entre la población mexicana aumentaron por el confinamiento y factores de riesgo, como la pobreza y la violencia. Además, las personas que tenían enfermedad mental previa tuvieron peores consecuencias con la emergencia sanitaria, es decir, se enfermaron más y murieron más, lamenta.
