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Miscelánea: ¡2 de octubre no se olvida!

Foto(s): Cortesía
Redacción

Era un delito ser joven en esos años obscuros. Por eso, el movimiento estudiantil respondió a la encrucijada con lúcida resistencia; incluso salió del gueto sureño y se volcó a las avenidas atestadas, a marchar en silencio, a construir una ciudad universitaria entre la muchedumbre. “Se trataba de incorporar otros sectores, no excluirlos; -dice Raúl Álvarez Garín, militante histórico del ’68- lo que está en disputa permanente tiene que ver con el resto de la sociedad. Es decir, había que incorporarla, si no, el movimiento podía malograrse”.

 

Antes de sumirse en el movimiento popular, los estudiantes se congregaron en un Comité; ahí confluyeron las escuelas de la UNAM y del Poli, las escuelas normales, el Colegio de México, la Universidad de Chapingo, la Iberoamericana, Lasalle y muchas de provincias, como la UABJO. Así quedó conformado el Comité Nacional de Huelga (CNH).

 

 

“Nos podrán reprimir, matar, encarcelar, podrán hacer las barbaridades que quieran, pero el movimiento no se va a vender. Estas cosas no se dicen de gratis, están en la mente de todos”, amplía Raúl, el emblemático.

 

 

Con el ejército en CU, el CNH decide no regresar a clases y convoca a una gran reunión a cielo abierto, el 2 de octubre en Nonoalco-Tlatelolco, en la explanada donde convergen tres momentos de la Patria impecable, diamantina y dolorosa.

 

 

Allí y entonces, “Entre luces de bengala y metralla, el gobierno de Díaz Ordaz cancela el 2 de octubre, este asomo de sociedad civil” (Carlos Monsiváis; ¿También las multitudes son históricas?).

 

 

Allá, en la Plaza de las tres Culturas, “… el dos de octubre aguardó hasta la noche / para que nadie viera la mano que empuñaba / el arma, sino solo su efecto de relámpago. (…) Recuerdo, recordamos. / Esa es nuestra manera de ayudar a que amanezca / sobre tantas conciencias mancilladas. / (…) Recuerdo, recordemos / hasta que la justicia se siente entre nosotros”. (Rosario Castellanos; Memorial de Tlatelolco).

 

 

* Los testimonios de Raúl Álvarez Garín se tomaron del libro "Pensar el 68".

 

 

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