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Fernando González, un mexicano que danza por la virgen de Guadalupe

Foto(s): Cortesía
Agencia Reforma

MONTERREY, NL.- Casi desde que nació, Fernando González Cadena ha danzado para la Virgen de Guadalupe.

Tenía 2 años cuando, al ver a los matachines que ensayaban con su padre, se coló entre ellos siguiendo el ritmo a su modo.

De nada sirvió que lo apartaran de ahí, porque regresaba, así que le hicieron su atuendo y, el 12 de diciembre, iba al frente de aquella danza. Desde entonces, acude anualmente en esa fecha ante el altar de la Guadalupana.

"Ya son 43 años ininterrumpidos", reflexiona Fernando, moreno, alto y de cabello entrecano.

"Incluso cuando se cerró la Basílica al público por lo de la pandemia, a los grupos que ya tenemos una tradición nos dieron oportunidad de ofrendarle nuestro baile en el interior de la iglesia".

Orgulloso, Fernando comparte que desde hace más de un siglo, su familia mantiene vivo el fervor a la Virgen Morena y el legado de la danza de la Colonia Talleres.

Su hijo Brandon, de 10 años, es el más pequeño de la quinta generación de danzantes, mientras que su sobrino Jeferson, de 2 años 10 meses, ya forma parte de los viejos de la danza.

"Mi bisabuelo, Antonio García, llegó de Saltillo, donde ya bailaba, aunque a ciencia cierta no sabemos desde qué año, pero inició su danza de palma en Monterrey alrededor de 1900".

"Fue en esta casa que, además, era un taller de hojalatería y, como hasta ahora, también hacían los accesorios de los matachines: tambores, sonajas, coronas y palmas", platica señalando con el dedo índice a su alrededor.

En este domicilio de la Colonia Talleres, además de las habitaciones de la familia, hay un cuarto muy grande y alargado con mesas, tubos para colgar las palmas de mango de madera con un aro forrado de plumas o escarcha navideña metálica, así como herramientas para trabajar las piezas de latón, acero inoxidable y lámina que los integrantes de otras agrupaciones les empiezan a encargar desde septiembre.

"Del trabajo de hojalatería que al principio incluía máscaras de latón para las pastorelas salieron varios discípulos de mi bisabuelo Antonio como Juan Morales y Marcelino Lira, que a la postre harían sus propias danzas", prosigue Fernando.

Mientras tanto, la danza de la Colonia Talleres continuaba con sus abuelos, Enriqueta García y Cleofas González.

"Posteriormente, mi papá, Arturo Guadalupe González García, siguió con esto y también nos enseñó a trabajar la hojalatería a mi hermano Alberto y a mí desde que éramos muy chicos.

"Empezamos viéndolo hacer los trazos y los cortes de las láminas. Nos arrimábamos y hacíamos cosas sencillitas".

Lo primero que hizo Fernando fue una pequeña corona, que muestra enseguida.

"Luego empezamos a soldar y a tomarle el gusto al trabajo mientras seguíamos aprendiendo", detalla.

Alberto, su hermano, hoy de 38 años, inició muy chico como viejo de la danza y, cuando tenía 10 años, se integró a los matachines.

Otra de sus funciones tras bailar en la Basílica de Guadalupe, en la Colonia Independencia cada 12 de diciembre, es subir a un mástil y abrir el compartimento superior para liberar a cuatro palomas que se colocan previamente junto con dulces y confeti.

"La devoción a la Virgen de Guadalupe está muy arraigada en nuestra familia. Al paso del tiempo, todos se van integrando y lo hacen con la seriedad que se requiere para seguir la tradición al 100 por ciento", afirma Fernando, con emoción.

Él es empleado en una empresa de telecomunicaciones y está casado con Idalia Cortez, quien también es parte de la danza al igual que sus hijos: Brandon, de 10 años; Fernando, de 13, que es viejo de la danza, y Arely, de 19 años, escudera.

La esposa de su hermano Alberto, Alma América Argüello Díaz, así como sus hijos: Jenifer, de 13 años y Jeferson, de 2 años 10 meses, son otros entusiastas participantes.

Brandon va en quinto grado de primaria y, al igual que su padre, desde los 2 o 3 años se ha contagiado de la festiva tradición.

"A mí me gusta mucho bailar con toda mi familia y también le pido a la Virgen por mí y por ellos", cuenta. "Ya me estoy preparando para celebrar su día, y quiero seguirlo haciendo por muchos años".   

"Entre matachines, tamboreros y viejos de la danza"

Los ensayos dominicales de la danza de la Colonia Talleres dan inicio a mediados de octubre y sus integrantes son familiares y amigos.

El grupo se compone de un monarca, una malinche, un machetero o escudero. También están los capitanes y las barriguillas, que van en los costados.

"Mi papá era el capitán o monarca, pero falleció el 26 de febrero del 2017. Todavía en su lecho de muerte nos pidió a mi hermano y a mí que nunca dejáramos de hacer esto que él continuó con tanto cariño", comparte Fernando, quien junto con su hermano Alberto son los que dirigen la tradición.

"Entre matachines, tamboreros, viejos de la danza y toda la gente que nos acompaña para cargar las cosas el día 12 son alrededor de unas 70 personas, y mi mamá se encarga de hacer desayuno, comida y cena para ellos. A veces le ayuda una tía".

A veces, en días anteriores, también danzan si algún vecino o alguien a quien aprecien se los pide, ya sea por un familiar enfermo o por una promesa que le han hecho a la Virgen.

María Guadalupe Cadena Palomino, mamá de Fernando, tiene 72 años y, desde que se casó con Arturo Guadalupe, hace 46 años, se sumó a estas actividades.

"Yo hago las capas, las bandas y los delantales para el traje de los matachines que, además, llevan camisa y pantaloncillo tres cuartos. Al principio, no sabía, tuve que aprender.

"También me encargo de conseguir los calcetones, los pañuelos que llevan en la cabeza y de que todo esté limpio para cuando se necesite. Ya el día 12 empezamos muy temprano a preparar el café, el menudo, la barbacoa y a traer el pan".

María Guadalupe prepara casi 28 kilos de barbacoa y 10 kilos de menudo y, para el asado de la comida, compra una pierna de cerdo completa, arroz y tortillas. Lo que queda se destina para la cena.    

"A mí me emociona todo esto y hasta que pueda voy a seguir", dice y los ojos se le humedecen.

Fernando menciona que, ante el altar de la Virgen, sólo piden salud y trabajo, porque lo demás "viene solo".

"Lo que queremos, y por lo que pedimos también, es que siga viva esta tradición, que las siguientes generaciones conserven la fe y que vengan muchos años para danzarle a la Guadalupana".

 

"La devoción a la Virgen de Guadalupe está muy arraigada en nuestra familia. Al paso del tiempo, todos se van integrando y lo hacen con la seriedad que se requiere para seguir la tradición al 100%".

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