En las ultimas colaboraciones y en las conversaciones que he sostenido con algunas personas recientemente he insistido en que como dice el librito, a la vez que el sistema dominante se polariza y al parecer se arraiga, está cavando su propia tumba y agrego que de acuerdo a las estadísticas de las recientes alternancias en la administración del bien común, los grupos de poder arropados en los partidos con registro han permanecido por dos sexenios en lo que parece hasta ahora la tolerancia del electorado en la búsqueda de otras opciones a la que permaneció por más de ochenta años con aciertos, errores, corruptelas, malos manejos de los intereses y recursos públicos que los hizo indeseables para quienes votan. A la mayoría de los pocos con los que he intercambiado puntos de vista sobre el particular, pareciera que nos terminan por digerir los argumentos sobre todo por su escaso conocimiento del librito, el ejercicio analítico de la realidad como instrumento válido y para los identificados hasta la ignominia con el actual grupo en el poder por persistir en algo que pensé ya superado de aquello de mis épocas de estudiante universitario en nuestro país que “no son confiables las estadísticas”, hasta las consignas bastante sobadas de sus dirigentes de “son los adversarios, los neoliberales” y algo que cada vez me da más escozor en que espetan con supuesta sapiencia que “son de derecha”.
Les insisto que salvo en las expectativas y deseos fallidos de casi todas las personas que ejercen algún cargo público en calidad de subordinados, obvian o se resisten a reconocer que los cargos se terminan y el falso oropel, la parafernalia de los numerosos ujieres y asistentes, las relaciones intimas del momento, el uso ilegal de los recursos públicos, tanto el meterle la mano al cajón como al parecer simplezas torpes y hechizas como pagar múltiples gastos personales y usar sus títulos universitarios que a menudo son inexistentes así como el cargo que ostentan hasta para felicitar en sus onomásticos a quien se les ocurra. Como lo ha sido en un país en que el promedio de estudios escolarizados se ubica en segundo de secundaria y poco antes lo era sexto de primaria, les causa un placer casi onírico presentarse como “licenciada o licenciado”, no falta la que se ostenta como “maestra” que sin ser menos a los mairos deja para la imaginación su también dudosa preparación en la docencia inicial y hasta quienes ocupan cargos que requieren no solo de estudios especializados sino al menos una experiencia solvente en ciertos sectores pero que quien los nombra los adjetiva cono que en el aire las componen.
Ahora también salen del closet y sacan a relucir su parte fundamentalista, represora, unilateral, intolerante y peligrosamente violenta con el uso manipulado de la tribuna pública, la ley a modo para criminalizar a los que se les oponen, la hacienda para atosigar a quienes se atreven a enfrentarlos aunque algunos de ellos recientes aliados que financiaban sus campañas como buena parte de la oligarquía nacional evaden sus impuestos como pago de sus servicios, el denuesto público de los perfiles, taras, pifias y malos manejos individuales de los que consideran sus adversarios. Aunque pueda parecer de mal talante, solo falta que los acusen de tener bromhidrosis o halitosis que habrá que decirles por aquello que, de bloqueadores de calle y oficinas, lideres en busaca de base si no es que hasta porros universitarios de los que alcanzaron a ir a la escuela, aunque sea para montar la enésima huelga espuria, pasaron a ser inflamantes “funcionarios” nuevos ricos que lo primero se refiera a los malos olores de los pies y lo otro al mal aliento.
Así en lo que los sigue trayendo de cabeza y al parecer más inquietos que chichicuilotes en comal, es la marcha de miles de personas en una buena cantidad de entidades de la república y en especial en la capital del país en que se expresaron las inconformidades, exigencia y demandas que se han ido acumulando en los últimos treinta años en México y que en los siete pasados se han extrapolado en materia de asesinatos, feminicidios, desapariciones, inseguridad y la prevalencia en una buena parte del territorio nacional del crimen organizado que daña a la gran mayoría de la población. Sin que no solo hayan respuestas ciertas y contundentes para combatir este estado ignominioso de cosas, ahora también suman con todo su fuerza utilizando los recursos públicos de todos la denostación, los ataques calificativos más deplorables, la exhibición ilegal de actividades particulares asociándolas a las conductas contestarias al actual régimen hasta llegar a la pretensión de ridiculizar a quienes se oponen a su forma de gobernar por llamarla de alguna manera y de manera preocupante, persiguiendo y reprimiendo a quienes se les oponen: ¡No se ayuden camarradas!
