La compañía Nohbords de la Ciudad de México, ofreció una función como parte de la Muestra Internacional de Danza de Oaxaca (MIDO) que este año realiza su edición 20. La puesta en escena 1Q90 se desarrolló en el Teatro Macedonio Alcalá. El espectáculo mostró las respuestas al peligro, placer y dolor, a través de movimientos corporales.
1Q90 surgió bajo la idea de la construcción de un mundo paralelo, al poner una especie de ritual en la escena y probando herramientas tradicionales y básicas de la danza contemporánea. La obra se interpretó con música en vivo, por Plataforma Nohbords de Danza Contemporánea y Arte Visual.
La pieza coreográfica de danza contemporánea se desprende de Move, un taller práctico de iniciación al movimiento, que propone explorar mecánicas y patrones primarios del cuerpo y la danza, como: la dirección, el peso, el espacio y la energía.
Lo que el público presenció es una obra que tiene como propósito poner a prueba esta suma de herramientas adquiridas en la investigación de los directores del proyecto, Diego Mur y Mauricio Rico, aplicadas en la composición de una pieza coreográfica a la que se suman ejercicios escénicos que tienen que ver con la multiplicidad del cuerpo y la práctica de técnicas relacionadas con lo ritual, el uso y poder de la mente.
"1Q90" es una aproximación a las perspectivas asentadas en la historia de la humanidad sobre los ritos ancestrales. FOTO: Carina Pérez
1Q90 es una aproximación a las perspectivas asentadas en la historia de la humanidad sobre los ritos ancestrales y las historias de la creación de carácter mítico-religioso o científico-antropológico, para poder evocar a través de las escenas su versión de la creación de un universo alterno: una historia de la humanidad que se narra y se vive en la escena.
“Desde el cuerpo también es que construimos redes simbólicas con otros. Y en el origen no sólo están inscritas nuestras primeras experiencias corporales, también está nuestra relación con los dioses, con la sanación, con la muerte”, se apunta la compañía sobre esta obra.
A lo largo de 45 minutos, los asistentes vieron cuatro escenas; la música original fue ejecutada en vivo y el uso de la voz jugó un papel fundamental para la articulación del discurso que el espectador recibe desde la escena. La estética utilizada hace referencia al sentido religioso: un concepto multifacético, que sin embargo, goza de reconocimiento global y en torno al cual todos los seres humanos pueden entablar una conversación y reconocerse.
La coreografía es autoría de Diego Mur, la producción de Mauricio Rico, la asistencia coreográfica de Brenda Loustaunau. La música original en cello es de Guillermo Olivo, el diseño de iluminación de Sebastián Solórzano y la realización de vestuario de Samuel Sánchez.
