TLACOLULA DE MATAMOROS, Oaxaca.- Músico, cantante y guía de turistas son las tres pasiones que han marcado la vida de Marta Saenz, avecindada en Oaxaca desde hace tres décadas. Su lenguaje es el jazz y se confiesa amante de la cultura oaxaqueña. Por ser artista pionera en el primer parador turístico en el estado, su trayectoria fue reconocida en el ciclo de conciertos dominicales titulado Entre amigos, que tienen lugar en el Patio.
"Yo voy a cantar hasta que me muera o hasta que dios diga: -Ya no cantes" vaticina en voz alta con un ímpetu característico de su personalidad. Entusiasta, con voz potente y un humor mordaz, la cantante señala cómo ha cambiado la idea de turismo en los últimos 30 años, para Oaxaca y, cómo se ha ligado profundamente a la música como aliada en este tiempo.
Recuerda, en entrevista, tras ofrecer un concierto, que cuando llegó a Oaxaca -hace 30 años- la escena musical era especial, había mucho bolero y comenzaba a llegar la ola de la trova cubana.
"Me gustan ritmos más complejos como el jazz, nunca hice trova, supe que había gente que hacía trova aquí, pero yo prefería cantar música vieja mexicana y boleros, no había mucho jazz en esa época, solamente los Porras y así empezó todo".
Mientras cantaba boleros y música mexicana, Marta Saenz también estudiaba y trabajaba. Hasta que conoció a José Manuel Rueda, fundador del Patio -abierto desde 1992- y decidieron embarcarse en un viaje que fusionaba sus grandes pasiones: la música y el turismo. Ahí cantaba a diario, recuerda los grandes grupos de turistas que llegaban a ese parador, al que ahora le reconoce la trayectoria.
"En este lugar coincidieron mis dos pasiones: la parte musical -con un foro para cantar y que me tocó inaugurar con grandes cantantes y músicos-, con el rollo de guía de turistas. Recuerdo que comenzamos a trabajar todos los días, había mucho movimiento, tuvo un increíble éxito que ahora pretenden repuntar. Sin duda el Patio es un referente en la vida cultural y turística de Oaxaca".
Tras un concierto de poco más de una hora, acompañada de Alfonso Robles 'El muerto', Marta Saenz revivió esos días de gloria. La re-apertura de este espacio estuvo aderezada con su voz, sirvieron, como en otros tiempos, platillos de la gastronomía oaxaqueña, se brindó con mezcal y se ejecutaron piezas como Naela, Piensa en mí, Una mañana, Un amor perdido, La ausencia y Un minuto.
"Este espacio no sólo es un referente para la cultura musical, era el único lugar con el concepto de parador turístico, luego vinieron otros, pero este fue el primero cuando esto era una isla, un punto de referencia y civilización para el trato al turista y al comensal que viajaba de la ciudad a Mitla" subraya.
Al responder sobre qué tanto se han olvidado los principios del trato al turista comenta: "el turismo se ha venido a bajo, se ha comercializado mucho y mal, en vez de cobrar más y mejor cobran menos y peor, se ha malbaratado en el afán de hacer tours baratos que cada vez son más pobres y corrientes, populacheros".
Considera que lo que se tiene que hacer es seguir difundiendo la cultura con dignidad, en medio de tanta incertidumbre. Mientras tanto ella seguirá haciendo lo que más ama: jazz y bossa nova. Sobre el reconocimiento considera que es un símbolo de amistad y que los que más cuentan son los reconocimientos a sí misma, que tiene que ver con la honestidad de hacer lo que más ama.
Alfonso Robles 'El muerto' será el siguiente homenajeado en el Parador Turístico Internacional de Oaxaca, El Patio.
Reconoce la amistad de José Manuel Rueda y refrenda su cariño a la historia de este lugar, que califica como una bella casa que ha sido un espacio que implica diversión, amistad y cariño.
"Creo que tenemos que hacer mucho más como mexicanos, las circunstancias me procuran temor, va a cambiar el mundo en el que estaba acostumbrada a vivir, pero tenemos que seguir, yo hago lo que amo: soy guía de turistas, músico y tengo una familia hermosa. Quiero seguir en Oaxaca, tiene una magia inexplicable. Uno no escoge dónde nacer, pero sí donde morir y aquí quiero morirme" comparte mientras abre los brazos para despedirse de sus compañeros músicos.
