Pasar al contenido principal
x

EL LECTOR FURTIVO: El capote

Foto(s): Cortesía
Redacción

Rafael alfonso/ El lector furtivo


Nikolái Vasílievich Gógol es conocido por inaugurar la literatura rusa moderna. Su cuentos  y su novelística han ejercido una influencia notable no sólo en las grandes literatos rusos, sino de otras partes del mundo. Gógol, al igual que Pushkin, Tolstói y Dostoyevski, pertenece a una familia noble. Su desahogada posición social le permitió viajar por Europa, donde compuso entre otras, su obra más famosa y celebrada: "Almas muertas". La literatura rusa del siglo 19, describe el tránsito de una sociedad rural, con terratenientes y siervos, a la Rusa urbanizada y burocrática de las grandes ciudades.


"El capote" (1842) es la historia de un hombre, Akakiy Akakievich Bashmachkin, que parecería haber nacido para estar detrás de un escritorio. Su trabajo consistía en transcribir documentos de dudosa importancia, casi como un copista, trabajo que por demás disfrutaba, si es que se le puede llamar disfrutar al hecho de copiar paciente y concienzudamente cada documento que llegaba a su escritorio y emocionarse cuando tenía que trazar sus letras favoritas.



 


Akakievich no carece de méritos como la puntualidad, el celo y la constancia, tan es así que, a pesar de su personalidad gris y apocada, en algún momento es considerado para un ascenso. Sin embargo, el hombre carece de imaginación y de ambiciones; cuando estas cualidades le son requeridas, el hombre prefiere regresar al único puesto que conoce y donde no hay más exigencia que copiar.


Gógol crea el minucioso y asfixiante retrato de un hombre distraído que camina por la calle mientras le caen migas de pan en la cabeza y que, en su entorno de trabajo, es la burla de aquellos funcionarios más jóvenes que le molestan. Cada día recibe una ración de bromas y comentarios mordaces acerca de su aspecto, en particular por el capote raído y desgastado que ha vestido desde su, ya muy lejano, primer día de trabajo.


Akakiy Akakievich se ve en la necesidad de reparar su capote, pero a pesar de los esfuerzos y las súplicas, el sastre desahucia la prenda como irreparable. De esta manera, con el pesar de su corazón, el protagonista tiene que hacerse a la idea de hacerse de un capote  nuevo, lo que le implicará una serie de grandes sacrificios: mal comer, utilizar sólo la mitad de una vela cada noche y caminar todos los días hasta su trabajo en vez de utilizar un transporte; además de lidiar con el humor inestable del sastre alcohólico. Gracias a su disciplina, nuestro protagonista logra juntar lo necesario para un capote nuevo, y es justo ahí donde las aventuras y desventuras del funcionario parecieran comenzar.


Los viajes por Europa sensibilizaron a los literatos rusos respecto de lo que se vivía en su país. Muchos regresaron con una visión moderna que chocaba con lo que encontraban en las grandes haciendas con siervos semiesclavizados y ni qué decir de la pobreza extrema de las ciudades, agravada por una situación política autoritaria y represiva. Gógol hace patente estas inquietudes en su literatura. En "El capote", como en el resto de su obra, se cuestionan duramente  la impartición de justicia, la educación, la policía, el tráfico de influencias, la pobreza y la burocracia; todo ello, con tal arte que Eugène-Melchior de Vogüé acuñó la frase: “Todos hemos salido del Capote de Gógol”.


 

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.