Son las cuatro de la tarde, el calor aunque no tan intenso, no tiene piedad. Apenas llegando al basurero municipal, el olor se siente diferente, el aire se amarga y los sentidos se activan. ¿Un concierto en un basurero?.
Es la pregunta, la paz, es la respuesta. En el basurero municipal, ubicado en la agencia Vicente Guerrero de la Villa de Zaachila, alumnos de la Escuela de Música de la demarcación demuestran que el cambio es posible, presentando el Concierto por la Paz.
Los hechos violentos que se registraron hace poco más de un mes, quedaron atrás, ahora es momento de entonar las más bellas melodías para un público necesitado de alegrías, sus padres, sus hermanos, sus vecinos, el mundo.
Los más pequeños se ven nerviosos, la mayoría no ha tenido una presentación en público, es momento de demostrar lo aprendido, las sillas preparadas son insuficientes para los asistentes, la respuesta es impresionante.
La cuerda roba corazones
El sonido armonioso del violín hace su presencia, el público se enciende, tranquilos, sólo es un ensayo.
La guitarra inicia el concierto, cobijado con una gran ovación, el músico acaricia las cuerdas, los sonidos se deslizan en el ambiente, se esconden en cada corazón ávido de calma, de ternura. Dos canciones son suficientes para robarse más de un suspiro.
Daniel Glineur, experto en la enseñanza de instrumentos de cuerda está atento, su mente está en Bélgica, pero su corazón está en Oaxaca. Tuvo un mes para preparar a sus alumnos, el sonido del violín, del chelo y de la viola, lo ponen alerta, es momento de demostrar que todo el trabajo valió la pena. Termina la primera melodía, Daniel se ve orgulloso.
En el escenario todo es concentración, en el público, armonía. Los zopilotes rondando el basurero no logran intimidar a la multitud, todos escuchan con atención y aplauden cuando es necesario.
Daniel Glineur, de Bélgica, preparó a los alumnos de cuerda durante un mes.. FOTO: Miguel Maya
Nada puede romper la concentración de los pequeños músicos, quizá en un futuro no sea un basurero, quizá estamos frente a alguno de los mejores intérpretes del futuro.
Ha pasado más de una hora y los maestros expiran orgullo; el público, júbilo y los pequeños, pasión.
El viento rompe barreras
Es momento para que entren a escena los instrumentos de viento, la multitud enloquece, saben que lo que están por ver, será excepcional.
Alumnos convertidos en maestros dan cátedra de lo que mejor saben hacer, tocar. Nadie se levanta de sus asientos, la emoción los embarga, el objetivo se ha cumplido, los corazones están en paz.
Camerino López Manzano, director de la escuela, aparece, sabe que en sus manos está el futuro de grandes músicos, de grandes personas. Lo presentan, lo ovacionan sin siquiera dirigir su primera melodía, empieza con un danzón que a más de uno le saca sus dotes de bailarín.
Por más de una hora demuestran su talento y la gente se los agradece con ovaciones y aplausos.
Los más pequeños tienen no más de siete años, pero ejecutan sus instrumentos con gran maestría, orgullosos de sus interpretaciones aceptan los halagos con la frente en alto, todos dieron lo mejor de sí, todos quieren ser grandes músicos, todos anhelan lo mismo, concordia.
Niños demostraron su talento. FOTO: Miguel Maya
Se despiden con el sol y como mejor lo saben hacer, interpretando música, buscando paz.
