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Viudas de San Pedro Cajonos, Oaxaca, claman justicia por sus esposos: fueron atacados letalmente por habitantes de San Miguel Cajonos durante tequio

Foto(s): Cortesía
Luis Ignacio Velásquez

SAN PEDRO CAJONOS, Villa Alta, Oaxaca.- A Arcelia y Betzaira les une el mismo dolor, haber perdido a su esposo cuando realizaban un tequio en el bosque de la comunidad, y una misma exigencia: detener a los asesinos y aplicar la ley.


Con el rostro cubierto de lágrimas, las viudas aseveran que a casi seis meses de los hechos, las autoridades del gobierno del estado se niegan a aplicar justicia.


Con sus hijos pequeños en los brazos, ambas jóvenes aseveran que la agresión en la que perdieron la vida sus compañeros fue un ataque a mansalva. “Ellos iban a un tequio, cuando los habitantes de San Miguel Cajonos los agredieron a balazos, esa es la verdad”.


 


LOS MUERTOS


Pablo Santiago González.


Daniel Bautista Cruz.



 


LOS HUÉRFANOS


Tres niñas y un niño.



 



El sepelio de los calificados entonces como Guardianes del Bosque. 

 


ARCELIA


Arcelia Díaz Cruz, de 32 años, esposa de Pablo Santiago González, de la misma edad, acompañada de sus tres hijas, expresa que hasta ahora no hay resultados en la investigación oficial. “Las autoridades no hacen nada, ya están las órdenes de aprehensión pero no quieren ejecutarlas. Dicen que no saben en dónde están los responsables, que están fuera de su pueblo, pero eso es mentira porque los vemos pasar por el bosque. Siento coraje, dolor, porque las autoridades no hacen nada”.


Mientras amamanta a su pequeña hija para acallar su llanto, manifiesta que muchas veces han acudido a la fiscalía, donde las hacen esperar horas y horas, para que al final les digan que ya no van a atenderlas. “Pero nosotros ya queremos que los detenga, las niñas no pidieron quedar huérfanas, solas”.


En un cuarto de tabicón sin repellar, piso de madera y techo de láminas galvanizadas con tejas rojas encima para que no las levante el viento, comenta que el 17 de diciembre de 2017 su esposo fue al tequio que convocó el comisariado de bienes comunales para recoger los árboles afectados por la plaga, cuando fueron atacados por sus vecinos.


 


Mi esposo no llevaba ni machete; sin embargo, quienes los mataron iban armados y con ropa tipo militar, como si fuera a la guerra.




Los cuerpos de los jóvenes asesinados fueron enterrados juntos a la entrada del panteón municipal. FOTO: Emilio Morales Pacheco

 


 


Frente a una mesa de madera en forma de altar donde destacan dos fotografìas de su esposo, flores y veladoras, subraya que los habitantes de San Miguel Cajonos ahora intentan justificar sus crímenes con mentiras. “Lo que quieren es no pagar por los asesinatos, pero ellos actuaron con saña; el problema es que la fiscalía los apoya y no aplica la justicia”.


Añade que la última vez que los recibió el fiscal les dijo que ya estaban liberadas las órdenes de aprehensión y hasta llamó al coordinador de la Agencia Estatal de Investigaciones, José Antonio Yglesias Arreola para decirle, delante de nosotros, que ejecutara las aprehensiones, pero este señor no ha hecho nada”.
 


BETZAIRA


La joven Betzaira Maza Martínez, de 23 años de edad, esposa de Daniel Bautista Cruz, afirma que el crimen de su marido cambió su vida drásticamente, sobre todo porque hace dos meses nació su bebé. “El asesino no pensó en eso, que mi niño nunca iba a conocer a su padre”.


Agrega que los funcionarios dan largas y largas a las investigaciones, pero hasta ahora no hay resultados. “Llevo ya casi seis meses esperando que el asesino de mi esposo esté en la cárcel y nada, lo único que quiero es que se haga justicia, que cuando menos cuando crezca mi hijo le pueda decir que a su papá lo mataron, pero que el asesino lo está pagando en la cárcel”.


En un pequeño cuarto de adobe, piso de cemento y techo de lámina galvanizada, donde destaca una mesa de madera con dos fotografìas de Daniel, flores, fruta, un vaso de agua y una refresco de cola, dice que debió regresar a vivir con sus padres para enfrentar su nueva situación.


 



Daniel tenía 23 años de edad cuando le privaron de la vida. FOTO: Emilio Morales Pacheco

 


No sé qué voy a hacer cuando mi hijo quiera estudiar, yo voy a sacarlo adelante, pero espero que por lo menos las autoridades hagan justicia, eso es lo que pido todos los días, que se haga justicia. Yo quiero que el asesino pague su culpa todos los días, así como todos los días veo a mi hijo huérfano.



 


Destaca que cuando partió su esposo para participar en el tequio solo llevaba una mochila con su tacos y un suéter.


 


No iba a una guerra, no llevaban armas, ellos iban a trabajar y no es justo que lo hayan matado a traición.



 


LA MADRE


Sin poder contener las lágrimas, que enrojecen sus ojos hasta parecer que contienen sangre, la madre de Daniel clama justicia por la muerte de su muchacho.


 


Yo quisiera volver a ver mi hijo, hablar con él.




La madre de Daniel asegura que su hijo no portaba ninguna arma, ni agredió a nadie. FOTO: Emilio Morales Pacheco

 


Con voz entrecortada la señora Angélica Cruz Ventura exige que les hagan caso. “Qué investiguen y apliquen la ley, porque nosotros tenemos dos jóvenes muertos y parece que eso no importa a las autoridades”.


Recuerda que la última vez que acudieron a la fiscalía estatal, la niña Julia Azucena Santiago, hija de Pablo, preguntó a su mamá si el señor que se acercaba era el fiscal y cuando recibió una respuesta positiva, la pequeña de once años de edad caminó unos pasos para situarse frente al funcionario y con voz clara pidió: por favor, detenga a los asesinos de mi papá.


El funcionario respondió: no te preocupes, que ya estaba todo resuelto. A más tardar en quince días serán detenidos.


Pero no ha pasado nada.


 



La demanda de justicia, poco a poco, se está convirtiendo en una demanda de toda la comunidad. FOTO: Emilio Morales Pacheco

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