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Tras 40 años de su desaparición, familiares exigen justicia para el activista y maestro de la Sección 22, Víctor Pineda Henestrosa

Foto(s): Cortesía
Octavio Vélez Ascencio

A pesar de cumplirse 40 años de su detención-desaparición forzada, la familia del profesor de la Sección 22 del SNTE, Víctor Pineda Henestrosa no ha dado por concluida su búsqueda.


“Seguimos exigiendo su presentación con vida, como decimos ‘vivo se lo llevaron, vivo lo queremos’, eso esperamos”, aseguró Héctor Pineda Santiago, hijo de la víctima, a quien solo conoció por fotografías.


Víctor Yodo, como era conocido en Juchitán de Zaragoza, fundador de la Coalición Obrera Campesina Estudiantil del Istmo (COCEI) y defensor de la tierra de los indígenas zapotecos, él 11 de julio de 1978, fue bajado por la fuerza de su auto en una de las calles principales de esa ciudad, por soldados del Ejército Mexicano del onceavo Batallón de Infantería –bajo el mando del coronel Juan Poblano Silva–, y nunca se supo de su paradero.


Después, debido a las protestas estatales, nacionales e internacionales, que encabezó su esposa, la también profesora Cándida Santiago, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) publicó un informe en 1992 donde determinó que Pineda Henestrosa, murió calcinado en el interior de su vehículo en la Carretera Internacional 190, en inmediaciones de Juchitán de Zaragoza, pero la familia rechazo esta versión.


 


A Víctor Yodo se lo llevó el ejército mexicano, aunque el gobierno nunca lo ha aceptado, pero hay testigos, supieron que fueron los soldados.



 


Desde su desaparición, la profesora Cándida Santiago, con sus hijos a cuestas, Irma, de cuatro años y Héctor, de un año de edad, junto con compañeros de lucha, iniciaron una serie de movilizaciones para reclamar su presentación con vida, pero hasta ahora no han tenido alguna respuesta.


 


A pesar de los años seguimos en la búsqueda, no hemos dejado de luchar porque tenemos la esperanza de que Víctor Yodo está vivo, como otros miles de desaparecidos se encuentren en algún lugar vivos. No podemos buscar entre los muertos a alguien que está vivo.



 


"No conocí a mi padre"


Supe de él por mi madre que me amamantó y cuidó mientras lo buscaba,  recorriendo ciudades, embajadas y cárceles.


Supe de él por la enorme foto que decoraba –y sigue decorando– la casa de mi madre.


Supe de él por las fotos del viejo álbum familiar en casa, cada una con explicación detallada de Cándida, que siempre lo ha nombrado en presente. Así supe de él y su cicatriz en la cabeza, producto de la represión por su apoyo a la lucha estudiantil en 1968.


Así supe de él y su zurda privilegiada para lanzar la pelota, su ágil carrera sobre el diamante y su afición por el rey de los deportes.


Supe de él por Doña Rosario Ibarra de Piedra y el comité Eureka. Ahí tuve otra familia, muchos hermanos y hermanas y el cariño de las doñas.


No conocí físicamente a mi padre, en ese tiempo, yo tenía un año, sigo sin poder conocerlo físicamente, sin poder abrazarlo, sin saber que ha sido de él y contarle qué ha sido de nosotros en estos últimos 40 años.


Es esposo de Cándida, papá de Irma y de Héctor, abuelo de Sebastián, Karla y Héctor Elías.


Es hijo, hermano, yerno, suegro, abuelo, familiar, amigo, compañero y es un ciudadano víctima de desaparición forzada.



Hijo de víctima de desaparición forzada, Héctor Pineda Santiago.

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