Fue hace siete años que Tomás Ramírez Hernández vio por última vez los ojos vivaces de su hija Arianne Ramírez, entonces de 24 años de edad.
Y si de algo está convencido rigurosamente es que nunca dejará de buscarla ni ante la más férrea adversidad.
Arianne, originaria de Tamazulapan Villa del Progreso, desapareció el 18 de octubre de 2013.
El último rastro de ella fue ubicado en la terminal de autobuses de Huajuapan de León, municipio de la región Mixteca de Oaxaca, cuando regresaba de un viaje de Puebla.
Fue sábado, precisa Tomás con el recuerdo intacto de aquellas primeras horas vitales de la desaparición, horas que se quedaron perdidas en el protocolo oficial de búsqueda que impone 72 horas de espera, y, como si fuera parte del mismo, la insensibilidad del personal que en automático afirma “se fue con el novio”.
“Yo acudí con el ministerio público y ahí me dijeron que tenía que esperar 72 horas, si no aparecía entonces se iniciaba la denuncia”.
Arianne, de profesión contadora y por afición locutora en una radio local, había viajado a Puebla a visitar a su novio. El día viernes él la acompañó a abordar el autobús de regreso.
El sábado por la mañana Tomás recibió llamadas telefónicas pidiendo rescate por la vida de su hija. En un primer momento pensó que se trataba de un intento de extorsión y colgó el teléfono, llamó a los números de sus hijas para saber si ellas se encontraban bien.
El de Arianne ya no respondió, y tampoco volvió a recibir la llamada del presunto secuestrador hasta varios días después.
Omisión gubernamental
Por un momento pensó que pronto vería a su hija. Tras las investigaciones fue detenida una persona quien aseguró que las llamadas eran un intento de extorsión.
La persona detenida se dedicaba al tráfico de huevos de tortuga, en su declaración dijo que sólo conocía a Arianne a través de la ficha de localización pegada en la calle.
“A él sólo lo acusaron por vender huevos de tortuga y como dijo que era indígena derechos humanos lo defendió. En eso se viene el cambio de personal en la fiscalía por el cambio de procurador en Oaxaca, llegan nuevos y ya no se pudo hacer nada, les pedí que lo detuvieran para que declarara, pero dijeron que ya no podían acusarlo de otro delito. Así seguimos”.
Desde la apertura del expediente de Arianne a la fecha, ha tenido que iniciar desde cero en quince ocasiones debido a los constantes cambios de los ministerios públicos en la Fiscalía General de Oaxaca.
Año y medio ha sido el tiempo máximo que ha durado el expediente e investigación con un mismo ministerio público. Para la familia, un camino interminable en donde avanzan cinco pasos y retroceden tres.
“Lo que ha entorpecido todo esto son los cambios de autoridad, hay que volver a empezar. Mire yo seguía todo, haga de cuenta que me sabía el caminito, estaba el expediente de mi hija. Cuando entra el presidente obrador hacen otra vez cambio y el expediente lo mandan a Oaxaca. Luego se viene lo de la pandemia y no se pudo hacer nada”.
Busca apoyo de activistas
Otras líneas de investigación siguen abiertas sin que hasta el momento se ejecuten más órdenes de aprehensión dado que el ministerio público no ha reunido las pruebas suficientes para poder hacerlo.
En marzo de este 2020 y bajo pretexto de la COVID-19, la fiscalía detuvo las investigaciones y búsqueda.
Ante la ausencia institucional, Tomás se echó al hombro toda la responsabilidad de continuar con el rastreo sumado a la colectiva feminista Marea Verde Mixteca, quienes por su parte se conformaron en equipo de rastreo tras la desaparición de Zayra Morales Loyola ocurrida el pasado 23 de octubre.
El 25 de noviembre, Tomás se unió a la manifestación realizada frente al palacio municipal, pegó las fichas de búsqueda de su hija, mismas que al concluir el mitin, fueron retiradas por la policía municipal.
Tomás suspira hondo. Sostiene el dolor que carcome fuerte cada día tanto por la ausencia de su ser querido como por la ausencia institucional.
“Han sido siete años exactamente, tenía 24 años, dos años de haberse recibido como contadora. Yo sigo investigando. Como padre se lo digo, hago de cuenta que ella se fue al norte o algún otro lado y que algún día la voy a ver entrando de nuevo por la puerta de la casa. Al principio pensé que ya había muerto, pero hoy tengo la esperanza de encontrarla con vida.
