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Partería, práctica limitada por instituciones de Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Para Virgina Pérez Díaz, aprendiz de partera, esta práctica se va perdiendo en Oaxaca porque son las instituciones de salud pública las que condicionan su ejercicio.


“Puedes sobar, pero en la clínica condicionan a las parteras a enviarlas a su control prenatal y de ahí les canalizan al hospital”, cuenta una mujer de 42 años a quien la partería llegó a su camino.


“Estaba buscando conocer el uso de plantas medicinales y me sugirieron entrar a la partería,.”


El motor de esa búsqueda para trabajar con las plantas medicinales fueron las dificultades de salud de sus dos hijos y una hija, por “tanta medicación y los altos costos” de los medicamentos.


Fue esa inquietud el vehículo propicio para acercarla al programa de formación “Luna llena” de la asociación civil Nueve Lunas, donde formó parte de la tercera generación de mujeres que aprenden la parte orgánica de dar vida y acompañamiento a mujeres durante todo lo que implica el nacimiento.
 


¿En desuso?


Aunque todavía atiende con la guía de una partera experimentada, su formación cubre el uso de las plantas medicinales que anhelaba, el uso del temaxcal que era un medio tradicional de sanación que como la partería “está cayendo como en desuso”.


Hace 42 años Virginia Pérez Díaz nació en su casa, en Santa María Tlahuitoltepec, en la zona Mixe de Oaxaca. La familia paterna ayudó a su mamá Lidia en el parto. Fue ella quien le contó que su abuelo paterno Benjamín cortó el cordón umbilical.


Ese recuerdo es parte de lo que nutre el trabajo actual de Virginia, quien se asume como aprendiz de partera, un oficio que tradicionalmente se transmite entre generaciones de mujeres.


Las parteras de su comunidad, como en muchas zonas del territorio oaxaqueño “están siendo cooptadas por las instituciones de salud y las están limitando”. Eso consiste en capacitarlas mensualmente e institucionalizarlas, lo que “quita mérito a sus prácticas y conocimientos”.


Entre esto está el “tratar de imponer que usen guantes o el estetoscopio para tomar la presión, cuando ellas saben hacerlo con el cuerpo”.


A decir de la jefa de la Unidad de Desarrollo Intercultural y Medicina Tradicional de la Subdirección Geberal de Innovación y Calidad de los Servicios de Salud, María Luisa de los Santos Allard, Virginia es una partera profesional y no necesariamente tradicional, porque se formó en una escuela.


Si la partería tradicional se va perdiendo es porque no han podido transmitir sus conocimientos ancestrales, porque generalmente eran a las hijas y nietas a quienes se los transmitían, pero ahora ellas están interesadas en estudiar otra cosa.


 


"Un parto en casa debería ser una opción"


A diferencia de un hospital donde la movilidad se limita, esta práctica da libertad a las mujeres.


Para María Eugenia Vázquez Cárdenas, partera formada con la asociación Nueve Lunas, una muestra de su afirmación es el recurrente uso de medicamento “para acelerar el proceso del trabajo de parto”, bajo la guía de la saturación en los servicios, sobre todo en el sistema público.
 


Las circunstancias


Que su acercamiento con la partería se haya dado de manera circunstancial por las mujeres que acudían con ella a recibir masajes o clases de yoga y que pedían acompañarlas durante su parto, le permitió corroborar una serie de prácticas que violan los derechos reproductivos de las mujeres, sin que se reconozcan como tal.


“En la cotidianeidad fui aprendiendo de los procesos de las mismas mujeres, diversas en su forma de ser y sus actividades en torno al nacimiento de su hija o hijo, les daba masaje, les pasaba un vaso de agua o les tomaba de la mano para decirles que estaba ahí con ellas”, recuerda.


En “ese momento de incertidumbre” para una mujer embarazada, observó “que había protocolos médicos no informados”.


 



 


Antes de ingresar en 2014 a ser parte de la tercera generación del programa de formación de parteras Luna Llena de Nueve Lunas, Eugenia veía como normal que en la ciudad de Oaxaca y municipios conurbados donde trabaja las mujeres fueran a un hospital a parir, la partería era algo desconocido para ella.


Ahora, aunque acompaña a una mujer por mes en su embarazo y al nacimiento de su hijo, pero con la guía de una partera más experimentada, sabe que esta práctica es “fundamental para el crecimiento y desarrollo de una sociedad”.
 


La seguridad de la casa


“No profundizamos cómo están ocurriendo los nacimientos. Hacerlo en casa, en un espacio que reconoces como seguro, con familiares que te acompañan y donde puedes moverte y no te limitan a una cama, ni te obligan a tomar medicamentos, sin moverte y permanecer acostada, sometida, con luces”.


Sin afirmar que un parto en casa puede ser para todas las mujeres, está convencida que debe ser una opción.


“Para la partería nuestro trabajo es en casa, de manera tradicional, con masajes, plantas y con mujeres sanas que no vayan a presentar una complicación previamente detectada”, relata.


El acompañamiento que dan durante el embarazo debe permitirle conocer tanto a cada mujer que “cuando un foquito amarillo se enciende, tomamos otro camino y recurrimos al sistema médico porque sabemos que ese campo de la patología no nos toca y debe entrar un ginecólogo”.

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