Cuando Maribel, Edith y Arihtzabel asumieron el compromiso, lo hicieron bajo un objetivo claro: trabajar en la construcción de un entorno urbano saludable, agradable, seguro y funcional.
Así, desde su asignación como integrantes de un comité vecinal en el Fraccionamiento La Esmeralda, en el municipio de San Pablo Etla, uno de los más antiguos y grandes de la zona conurbada, aportan tiempo y esfuerzo para realizar labores de seguridad, vigilancia, gestión y administración, haciendo patente que las mujeres son fuerza importante de la vida comunitaria.
Aunque por muchos años el rol de las mujeres se había circunscrito al ámbito estrictamente familiar, progresivamente se colocaron en el ámbito público como tomadoras de decisiones sobre colectividades, con liderazgo desde posiciones en presidentas municipales o sindicaturas, hasta en menor escala como presidentas de colonias o condominios.
Maribel Torres Guzmán no desestima su labor, aunque de manera humilde expresa “lo que hacemos es apenas una pequeña aportación, pero la damos con todo el cariño y las ganas de servir”.
Transforman la cara de la unidad
Desde hace seis meses fueron elegidas como integrantes del comité del condominio 10 del Fraccionamiento, que con 80 viviendas concentra la mayor densidad de habitantes. La característica principal es que son sólo mujeres y en ese pequeño lapso lograron grandes cambios en el entorno.
“Cuando tomamos el comité como tal la labor era grande porque había un descuido total en todas las áreas. Gestionamos apoyos ante el municipio de San Pablo Etla y una de las primeras acciones que hicimos fue podar las áreas verdes y los árboles”, explicó Maribel, quien se dedica a la venta de memelas para el sostenimiento de su hogar.
Antes de ello, el lugar parecía abandonado, el aspecto hostil por la maleza crecida en todos lados propiciaba inseguridad y pululaba fauna nociva como ratas y culebras. Las áreas comunes eran intransitables.
Debido a la desconfianza por la falta de trabajo y resultados de anteriores comités, los condóminos se mostraron escépticos a aportar cooperaciones monetarias para poner manos a la obra en el rescate del lugar.
Una parte del Fraccionamiento La Esmeralda fue rescatado del abandono a través del trabajo del comité integrado por mujeres
Manos a la obra
“Era algo que nos propusimos hacer y teníamos que empezar poniendo el ejemplo y evidenciando que las cosas se pueden siempre y cuando haya voluntad, así que algunas de las primeras acciones salieron con nuestros recursos. Al ver que había trabajo de por medio, la gente comenzó a cooperar”, relata Arithzabel Barrientos Santos, quien es comerciante.
Desde la labor que desempeñan, también tomaron parte de la seguridad comunitaria en sus manos. Diariamente salen a recorrer el lugar para inhibir la comisión de algún tipo de delito o daño a su espacio. Ante cualquier reporte de movimientos o acciones de personas sospechosas, son las primeras en afrontar el riesgo, que hasta el momento han sido menores.
Si bien la labor ha recibido felicitaciones y reconocimientos, no han faltado la descalificación y el ataque de quienes consideran que su labor debe estar en el interior de su casa y no en las calles. “Claro que hemos sido violentadas verbalmente pero eso no nos hace dejar la labor que realizamos. Nos llegaron decir: pónganse a trabajar”.
La Noria y La Cascada, mujeres al control
En el Barrio de la Noria, ubicado en el Centro Histórico, también son las mujeres quienes llevan la batuta en la procuración de un entorno seguro y limpio. En este caso Laura, Irene y Gladis, tomaron la responsabilidad en sus manos y diariamente se les ve haciendo rondines de vigilancia a todas horas, incluso por la madrugada.
Son las primeras en levantarse para verificar que nadie deje su basura tirada en la calle y las últimas en dormir vigilando que nada perturbe el sueño de la comunidad.
El trabajo -admite Laura- es difícil pero necesario ante la falta de atención de las autoridades a las necesidades básicas.
La Colonia La Cascada, es un ejemplo más en donde las mujeres son las más activas al momento de acudir a un rondín de vigilancia o estar al pendiente de que los servicios básicos como la recolección de basura o el suministro de agua potable, se otorguen con regularidad y de manera eficiente.
En el lugar es Carmen Altamirano, quien desde hace poco más de un año asumió la titularidad del Comité de Vida Vecinal, durante ese lapso a través de gestiones y acciones de presión el comité logró la pavimentación de una calle así como evitar el ingreso de mototaxis a la zona.
