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Mujeres de verde olivo: oaxaqueñas, pioneras en el Ejército Mexicano

Foto(s): Cortesía
Redacción

SANTA MARÍA IXCOTEL, Santa Lucía del Camino.- El rímel, el lápiz labial y las delgadas y bien cuidadas manos y uñas no están reñidas con el uniforme vede olivo. De hecho, tan sólo en la VIII Región Militar, que tiene la mayor jurisdicción en territorio oaxaqueño, hay 228 mujeres que desempeñan diversas actividades.


Incluso están preparadas para portar pesadas cargas, como un radio transmisor de más de cinco kilogramos. Es el caso de Isis Pantoja de los Santos, profesionista de Ciencias de la Comunicación y ahora responsable del área de transmisiones, primer contacto con los soldados que se encuentran en las serranías desarrollando operativos.


“Paulatinamente ha ido causando alta un mayor número de personal femenil en las fuerzas castrenses en puestos que antes eran sólo para varones”, explica el Capitán Segundo de Fuerza Aérea Controlador de Vuelo, Antonio Aguilar Hernández.


Naciente historia


Aunque los antecedentes del ingreso de mujeres a las fuerzas armadas provienen de la época de la Revolución Mexicana, es en la última década en que se ha incrementado la participación de ellas tanto en el Ejército como en la Fuerza Aérea.


Según un recuento de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), fue Refugio Estévez Reyes, mejor conocida como “La Madre Cuca”, quien se distinguió entre las primeras enfermeras militares por su destacada labor durante la Revolución.



Tuvo que pasar cerca de medio siglo para que ellas participaran en más actividades y no solamente en el área de sanidad; en el 2000 tomaron parte por primera vez en la realización del Servicio Militar Nacional y ese mismo año participaron en el desfile militar anual.


En 2007 se ampliaron las oportunidades para ellas a fin de ingresar a las distintas opciones educativas de la Secretaría de la Defensa Nacional.


Y tras ello, tuvo que ser una oaxaqueña quien pusiera el ejemplo, en este caso en la Fuerza Aérea Mexicana.


El 27 de enero de 2009 en el Colegio del Aire en Zapopan, Jalisco, Andrea Cruz Hernández realizó su primer vuelo en un avión Bonanza F33-C; fue una de las ocho primeras mujeres que cursaron la carrera de Licenciada en Ciencias Militares Piloto Aviador y concluyó su preparación académica en julio de 2011.


“Difícil pero no imposible”




Isis Pantoja, Sargento Segundo de Transmisiones. FOTO: Carlos Román Velasco

Esos y muchos ejemplos, como el valor, la gallardía y sobre todo la disciplina de los soldados, ha llevado a muchas mujeres a incorporarse gradualmente en las tareas del Ejército Mexicano.


Es el caso de Isis Pantoja, madre soltera y originaria de Tlacolula de Matamoros, quien halló en la milicia una profesión de vida, y carga sin problemas un aparato de transmisión, aunque por ahora su función no es en el campo de operaciones.


La joven licenciada en Ciencias de la Comunicación se inició en junio de 2012 como Soldado Auxiliar Oficinista; después de tres años, se abrió una convocatoria para acceder a otros niveles; tras varios exámenes, entre ellos físico, psicológico, cultural y médico, ingresó a la Escuela Militar de Transmisiones con sede en Guadalajara, Jalisco, donde estuvo un año.


Luego de ello, logró el puesto de Sargento Segundo de Transmisiones y actualmente su labor es de enlace de comunicación con las partidas militares que recorren cotidianamente las serranías, en su lucha en contra de la siembra y tráfico de estupefacientes, así como en la aplicación de la Ley General de Armas de Fuego y Explosivos.


“Es un poco difícil, más aun siendo madre soltera; difícil pero no imposible. Eso me hace continuar acá, tengo un motivo muy grande, que es mi hijo, y pues vale la pena estar acá. Él se siente orgullosa de tener una madre militar”, expone en entrevista.


“Pesado pero me gusta”




Yésica Antonio, Cabo Auxiliar Ayudante de Contabilidad. FOTO: Carlos Román Velasco

Al nuevo ingreso, hombres y mujeres tienen que cursar de manera obligatoria dos meses de entrenamiento físico y táctico, en instalaciones en la 44 Zona Militar, con sede en Miahuatlán de Porfirio Díaz.


“Es pesado porque no estamos con nuestra familia; de domingo a sábado y sólo tenemos salidas un rato; las actividades son desde las cinco de la mañana hasta las 10 de la noche. Es subir, bajar, correr con el arma, mucha práctica, mucho ejercicio. Difícil, pesado pero no imposible, ahora lo tomo de manera amable y con compañerismo, aquí se trabaja en equipo, somos parte de una sección donde todos debemos sacar el trabajo adelante”.


Eso cuenta Yésica Antonio Rosas, madre de familia de una niña de cinco años, casada, contadora de profesión, casada y originaria de la capital del estado.


Ella es cabo auxiliar ayudante de contabilidad, asignada a las oficinas de la VIII Región Militares.


“Afuera trabajaba en un despacho privado cuando me dijeron que había una oportunidad en el Ejército; analizando todas las opciones, las prestaciones, decidí que era una buena opción para crecer profesionalmente y entré sabiendo que iba a ir a un adiestramiento. Entré, me gustó y acá sigo”, manifiesta.



Ahora, debido a su horario, que es de las siete de la mañana a las dos de la tarde, es su esposo quien tiene que cuadar la mayor parte del tiempo de su pequeña de cinco años de edad, pues hay ocasiones en que también tiene que realizar guardias vespertinas.


“Me gusta lo que hago”




Estefanía Canela, Policía Militar. FOTO: Carlos Román Velasco

Ella se preparó para lucir aún más su femineidad. Labios rojos, rubor, uñas bien cuidadas. Es originaria de Coatzacoalcos, Veracruz, y su gusto por la milicia es también extremo. Estefanía Canela Hernández entró al Ejército el 1 de agosto de 2012 y actualmente es elemento de la Policía Militar, que resguarda instalaciones.


“Es un poco difícil, porque uno no se acostumbra muchas veces a ciertas actividades, pero me gusta lo que hago, es una gran satisfacción tanto personal como para mi familia, mi mamá en especial, nunca se imaginó que fuera entrar a esta carrera”, relata.


Madre soltera, debido a los riesgos de su actividad --pues muchas veces participa en operativos de revisión que se efectúan en puestos militares-- tuvo que dejar a su pequeña de un año ocho meses de edad, en su tierra natal, al cuidado de su madre.


La ve al menos dos veces al año, cuanto tiene vacaciones o periodos de descanso después de participar en un operativo.


“Mi hija es una niña muy inteligente, que sí resiente mi ausencia pero me tengo que acostumbrar, me gusta mi actividad, estoy satisfecha con lo que hago”, platica.



Son las mujeres de verde olivo. Aquellas que pese a la rudeza que caracteriza al Ejército Mexicano, ponen el toque femenino en la milicia y ahora van a la conquista de más puestos.

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