Por Rafael Alfonso
Uno de los grandes descubrimientos de Sigmund Freud que, hemos de recordar, inició el
psicoanálisis a partir del estudio de la histeria, fue que los síntomas que se muestran de manera exacerbada en los llamados pacientes mentales, se encuentran también, en una expresión más modesta, en las personas consideradas sanas.
Arturo Meza, el cantautor mexicano, decía a propósito de “Todos somos Marcos” —la consigna zapatista tan de moda en los años 90’s—, “…sí, pero también ‘Todos somos
Salinas’”. Con esto ponía sobre la mesa que, al lado de nuestra sed de justicia, viven nuestra ambición y nuestro deseo de ser autoritarios, tramposos, arbitrarios e impunes (lo que, para muchos, en aquel momento, representaba el presidente en turno).
En estos días, el mundo resiente y mira con estupor y con inquietud las ocurrencias del
presidente de los Estados Unidos. El hombre parece no tener filtros al grado de que los
pretextos diplomáticos que tradicionalmente ha esgrimido su país para llevar a cabo
agresiones e intervenciones en otros países (como son la democracia, la defensa de los
derechos humanos, etc.) palidecen y quedan de lado ante las declaraciones tan “francas”, o cínicas según se vea, de hacerse del petróleo venezolano, explotar los recursos del permafrost de Groenlandia, o poner a su ministro Marco Rubio como presidente de Cuba.
Amén de la viabilidad de estas pretensiones (dejemos el tema a los analistas geopolíticos),
vayamos al corazón de quienes las encuentran deseables y justificables, pues sin ellos el poder de Donald Trump simplemente se desvanecería.
Hay millones de personas que piensan como él y ambicionan lo mismo para su país, y por eso lo sustentan, lo toleran y lo votan. La megalomanía de este personaje y su extraña relación con el Derecho y la moral, es compartida con por lo menos la mitad de los votantes
estadounidenses, y en menor medida quizá con la otra mitad, y con el resto del mundo. La
pregunta siempre será “¿Hasta dónde llegaría nuestra ambición y qué seríamos capaces de hacer si hubiéramos crecido con recursos ilimitados y tuviéramos el poder que detenta el ahora presidente de los Estados Unidos?”.
