Por Rafael Alfonso
La escena es incómoda de ver: familias judías enteras arrastran sus pertenencias por las calles de Cracovia pues están siendo expulsadas de sus hogares. Al lado de la calle,una turba les mira, algunos con pena, pero otros, despojándose de cualquier signo de empatía dan rienda suelta a su agresividad, los insultan e incluso, los más atrevidos, les arrojan objetos. De entre toda la multitud destaca una chica muy joven, casi una niña, que grita voz en cuello “¡Adiós,judíos!”. La imagen corresponde a una escena de La lista de Schindler, considerada la obra maestra de Steven Spielberg director entre otros clásicos de E.T. y la saga de Indiana Jones.
Este fin de semana me tocó ver una imagen aún másinquietante, porque no es una ficción y se está repitiendo en nuestros días. Sucede, en el marco de las deportaciones que hoy se están llevando a cabo en el país del norte orquestadas por un grupo sui géneris, una suerte de patrulla fronteriza de un cariz prácticamente paramilitar denominado ICE —no sabemos qué tan consciente sea el gobierno norteamericano de que el acrónimo remite a la palabra hielo (ice), pero sospecho que, al menos a su presidente no le desagrada.
La escena en cuestión es la siguiente: Imagine usted, amable lector, a un adolescente con pinta de capitán del equipo de basquetbol, que podría ser el rey de algún baile de graduación de secundaria de esos que hemos visto en “n” cantidad de películas hollywoodenses, sentado en su silla gamer y teniendo como fondo musical a Vanilla Ice interpretando precisamente Ice ice baby. En la pared se ve una bandera supremacista y, como si se tratara de una graciosa humorada,subtitula su video para contarnos como él, personalmente, se ha encargado de llamar al ICE para denunciar a más de doscientas personas de quienes sabe o sospecha que son residentes ilegales en su país. Presume con orgullo que resultado de esas doscientas denuncias 168 personas han sido deportadas.
Si lo traducimos a lenguaje humano, hablamos de 168 familias separadas, 168 personas criminalizadas por no haber nacido en un lugar específico o, lo más probable, por haber nacido con el color de piel equivocado. Lo interesante es cómo ideas irracionales, como el racismo, y el supremacismo que el mundo occidental creía superados hace décadas y que incluso no hace mucho se sancionaban severamente como políticamente incorrectas, sólo necesitan una pequeña ventana de oportunidad para que irrumpan con fuerza en la escena pública e incluso generen muchos likes a jóvenes que exhiben sin pudor su odio y desprecio por seres humanos que no se parecen a ellos.
