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Las castigan por ser madres solteras en la Mixteca, Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

HEROICA CIUDAD DE TLAXIACO.- A pesar de que existen agencias, parajes y comunidades donde la participación de la mujer ha ido en aumento, en otros pueblos de la Mixteca, sus pobladores aún viven inmersos en el machismo y por ello, la expresión de la mujer es considerada una rebeldía que amerita castigo.


En Yutanduchi de Guerrero, Nochixtlán, lugar enclavado en la Mixteca oaxaqueña, se mantienen de manera severa los usos y costumbres que no están a favor de las mujeres indígenas del lugar y menos si son madres solteras, pues es un delito mayor si éstas no cumplen con las normas establecidas en la población, como el servir y cooperar para las fiestas titulares del lugar.


Madres solteras: ¿castigo?


Según cuentan los habitantes, las mujeres y en particular las madres solteras, son obligadas a servir durante las fiestas de Pentecostés y la celebración de La Asunción el 15 de agosto; cada madre soltera de la comunidad, debe aportar una cooperación de 700 pesos más la mano de obra para preparar la comida que se ofrecerá a los pobladores y visitantes; la mujer que no coopere o no participe en la preparación y servir los alimentos, va a la cárcel por tres días, dependiendo del incumplimiento.


Doña Aurelia López, mujer indígena, quien lleva 38 años, de los 60 que tiene de edad, cooperando y haciendo la comida, dijo que su hija, quien también es madre soltera, debe cooperar; la ley del pueblo es que este año le tocó servir en la fiesta de agosto y será para la fiesta de Pentecostés que le toque servir a su hija.


Para que no sea obligatorio como madre soltera el tener que cooperar ni servir en las fiestas titulares, debe cumplir los 65 años de edad o bien, ser casada o tener marido, para estar exentas de toda cooperación o participación.



Madres solteras, aparte de cooperar, tienen la obligación de preparar la comida para todo el pueblo

Muchas mujeres indígenas de esta población, consiguen dinero prestado para dar la cooperación y algunas tienen hasta tres hijos, contraen deudas difíciles de pagar, ya que no cuentan con un sueldo, trabajo estable o alguna solvencia económica, pues viven de la venta de petates que elaboran uno en tres días y son vendidos a intermediarios en la cantidad de 60 pesos cada uno, cuya carga de palma la compran en 300 pesos, dando como resultado una utilidad por petate de 30 pesos.


Indígena y soltera: doble desventaja


Para que todo esto no pase, las mujeres son afortunadas cuando consiguen marido y dejan de sufrir todas estas consecuencias y cada vez que alguna mujer de la comunidad se casa, el resto tiene la esperanza de que influyan en sus maridos para que esta obligación de las madres solteras termine; sin embargo, no es así.


Doña Cándida López, madre soltera y quien por su trabajo ha empezado a perder la vista, no puede atenderse pues no cuenta con los servicios médicos y menos con recursos económicos para atenderse y sobre todo, porque debe ahorrar para pagar los 700 pesos de cooperación para la fiesta.


"Ser mujer indígena y madre soltera, es un castigo para nosotras, pero tenemos la esperanza de que un día alguien hable por nosotras y se pueda hacer algo. Aquí, en Yutanduchi de Guerrero, Nochixtlán, tampoco tenemos voz en nuestras asambleas comunitarias y si no aceptamos condiciones, terminamos en la cárcel del pueblo", afirma.

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