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La Mutilación Genital Femenina, una práctica que debe eliminarse

Foto(s): Cortesía
Redacción

El crimen contra muchas mujeres que se considera una tradición. La Mutilación Genital femenina es una práctica que busca ser detenida en su totalidad por la ONU.



La Asamblea General de la ONU designó el 6 de febrero como el Día Internacional de Tolerancia Cero para la Mutilación Genital Femenina, una jornada de concienciación para ampliar y dirigir los esfuerzos para la eliminación de esta práctica.



Es por eso que este Día Internacional se centrará en movilizar a la juventud en torno a la eliminación de prácticas nocivas, incluida la mutilación genital femenina. Nuestro tema: “Poder juvenil desatado: una década de acciones aceleradas para cero genitales femeninos.


 


De acuerdo con la OMS, la mutilación genital femenina (MGF) es una práctica que implica la alteración o lesión de los genitales femeninos por motivos no médicos que internacionalmente ha sido reconocida como violación grave de los derechos humanos, la salud y la integridad de las mujeres y las niñas.




Desde el 2012 la Asamblea General de la ONU y de la Organización Mundial para la Salud (OMS) designó el 6 de febrero como el Día Internacional de Tolerancia Cero para la Mutilación Genital Femenina, una jornada de concienciación para ampliar y dirigir los esfuerzos para la eliminación de esta práctica. Se planea acabar con ella para el 2030.



Pero promover y concientizar acerca de la MGF, no es una tarea fácil. Se necesita el esfuerzo y cooperación de prácticas en las comunidades donde se realice, promoviendo concienciación sobre los derechos humanos, igualdad de género, educación sexual y sobretodo la atención a las víctimas.



6 datos que deberías saber sobre la MGF


Países donde se realiza


Esta práctica se concentra en cerca de 30 países de África y de Oriente Medio y Asia meridional, así como algunos países asiáticos (India, Indonesia, Iraq y Paquistán) y algunas pequeñas comunidades de Latinoamérica, incluso persiste en poblaciones emigrantes que viven en Europa Occidental, en Norte América, Australia y Nueva Zelanda.



Los tipos de Mutilación Genital Femenina


Existen cuatro tipos de MGF:


Tipo I: También llamada clitoridectomía, es la extirpación parcial o total del clítoris y/o el prepucio.


Tipo II: También llamada escisión, es la extirpación parcial o total del clítoris y los labios menores.


Tipo III: También llamada infibulación, es el estrechamiento del orificio vaginal con un sello cobertor. El sello se forma cortando y recolocando los labios menores y/o los labios mayores. Más adelante en la vida, a las mujeres con infibulación pueden cortarlas en la noche de bodas y/o antes del parto.


Tipo IV es cualquier otro procedimiento nocivo para los genitales femeninos con fines no médicos, como pinchazos, perforaciones, incisiones, raspado o cauterización.



Surge a partir de la desigualdad de género

Allí donde se practica, la MGF cuenta con el apoyo de hombres y mujeres, la mayoría sin cuestionamiento, pero las razones de la práctica a menudo están arraigadas en la desigualdad de género.


En algunas comunidades, se usa para controlar la sexualidad de las mujeres y las niñas. En alguna ocasiones es requisito para el matrimonio, y está estrechamente vinculada con el matrimonio infantil. En algunas sociedades, la MGF tiene como base mitos acerca de los genitales femeninos, por ejemplo, que un clítoris sin extirpar crecerá hasta el tamaño de un pene, o que la MGF aumentará la fecundidad. Otras consideran a los genitales externos femeninos algo sucio y feo.


La práctica precede el surgimiento del cristianismo y el Islam. Se dice que algunas momias egipcias muestran características de MGF. Historiadores como Herodoto afirman que, en el siglo V A. de C., los fenicios, los hititas y los etíopes practicaban la circuncisión.


También se ha informado que se adoptaron ritos de circuncisión en las zonas tropicales de África, en las Filipinas, que los adoptaron algunas tribus en el Alto Amazonas al igual que mujeres de la tribu Arunta en Australia, e incluso los antiguos romanos y árabes. Incluso en época tan reciente como la década de 1950, la clitoridectomía se practicaba en Europa occidental y los Estados Unidos para el tratamiento de ciertas dolencias, entre ellas los trastornos mentales y sexuales.

No existe ninguna MGF que sea segura


La MGF tiene serias implicaciones para la salud sexual y reproductiva de las mujeres y las niñas.


Los efectos de la MGF varían en función del tipo de intervención, la experiencia del profesional y las condiciones en que se realice. Las complicaciones pueden abarcar dolor grave, conmoción, hemorragia, infección, retención de orina y mucho más. En algunos casos, la hemorragia e infección pueden ser lo suficientemente graves como para causar la muerte. Los riesgos de largo plazo comprenden complicaciones durante el parto y efectos psicológicos.


Tradicionalmente, la MGF la lleva a cabo un miembro de la comunidad designado a tal efecto, a veces utilizando instrumentos no aptos, como hojas de afeitar, a menudo sin anestesia ni antisépticos, pero también pueden realizarla médicos, en lo que se conoce como "MGF medicalizada". Sin embargo, incluso en esos casos, puede haber consecuencias graves para la salud.



Para las familias puede ser difícil negarse a mutilar a sus hijas. Quienes rechazan la práctica puede enfrentar una condena o incluso el ostracismo, y sus hijas podrían ser consideradas inadmisibles para el matrimonio.
Sin embargo, hay maneras de evitar la MGF.


Se puede evitar


El abandono colectivo, mediante el cual toda una comunidad decide no practicar la MGF, es una manera eficaz de poner fin a la práctica, y garantiza que ninguna niña o familia se vean perjudicadas por la decisión.



En 2008, el UNFPA y el UNICEF establecieron el Programa Mundial Conjunto para Poner Fin a la Mutilación Genital Femenina, el mayor programa mundial para acelerar el abandono de la MGF y ofrecer atención a las mujeres y niñas que viven con sus consecuencias. Hasta la fecha, el programa ha ayudado a que más de 3 millones de niñas y mujeres reciban servicios de atención y protección contra el MGF. Más de 30 millones de personas en más de 20 000 comunidades han hecho declaraciones públicas de abandono de la práctica.

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