En pleno océano Pacífico existe un conjunto de miles de islas que forman la región de la Polinesia. Una de esas islas, que antiguamente se llamaba Rapa Nui y hoy en día se conoce como la Isla de Pascua (actualmente pertenece a Chile), es mundialmente famosa por unas intrigantes esculturas que pueblan todo su territorio: los Moais.
¿Qué son los Moais? ¿Por qué se construyeron? Éstos son algunos de los misterios que rodean a estos seres de piedra que tanto fascinan al mundo entero.
Los habitantes de la Isla de Pascua
No se sabe con seguridad, pero parece ser que la Isla de Pascua estaba despoblada hasta que, entre los siglos VI y VIII de nuestra era, un grupo de hombres y mujeres de otra isla de la Polinesia desembarcó en ella.
Cuando después del arriesgado viaje los aventureros navegantes comprobaron que era un sitio adecuado y se podía vivir allí gracias a la pesca y a los recursos naturales, decidieron quedarse.
Se organizaron en tribus, y cada tribu, ocupó una zona. Pronto empezaron a construir viviendas, a cultivar la tierra y a formar poblados. Con el tiempo, comenzó la construcción de los enigmáticos Moais, palabra que significa rostro viviente de los antepasados.
Esta nueva sociedad será también conocida a partir de entonces con el nombre Rapa Nui.
¿Qué son los Moais?
Los indígenas de la etnia Rapa Nui creían que las personas más importantes, sabias y valientes de su comunidad, tenían poderes sobrenaturales después de muertas. Por eso si, por ejemplo, fallecía el jefe de la tribu, construían una estatua en su honor convencidos de que de esta manera seguiría amparando a su pueblo.
Los misteriosos Moais, por tanto, son estatuas de los antepasados que, como si fueran guardianes de la isla, clavan su mirada en el infinito y extienden su poder de protección sobre los habitantes de su propia comunidad.
¿Son iguales todos los Moais?
Los primeros que se construyeron son más pequeños, de cabeza redonda y cuerpo regordete. El Moai más antiguo de todos es curiosamente, el único de los que se han encontrado hasta ahora que no está de pie, sino arrodillado.
Con el paso del tiempo fueron adquiriendo un aspecto más estilizado, formas más rectas, grandes orejas y nariz larga y picuda.
Aunque a simple vista todas las estatuas resultan idénticas, lo cierto es que no hay ninguna igual que otra. Como cada Moai representa a alguien que existió de verdad, trataron de personalizar un poco los rasgos y decorarlos con dibujos e inscripciones diferentes. La mayoría tienen cuerpo de hombre, pero parece ser que algunos personifican mujeres.
Muchos Moais llevan sobre la cabeza una especie de cilindro realizado también en piedra. Se llama “pukao” y se cree que es un moño (o quizá un sombrero) que usaban los Rapa Nui.
¿Cómo se construyeron los Moais?
Saber cómo se construyeron estas inmensas esculturas ha traído de cabeza a los investigadores durante muchos años. Hay que tomar en cuenta que por aquellos tiempos no existían las actuales máquinas que facilitan estas labores.
El tamaño medio de estas esculturas es de unos cuatro o cinco metros de altura, pero las hay de diez metros y… ¡Una que se quedó a medio hacer iba a medir más de veinte!
Como su peso es de muchas toneladas. ¡Ingeniárselas para manejar estos gigantes era una tarea muy complicada!
Volcán Ranu Raraku
La mayoría de los Moais fueron construidos con la piedra extraída del cráter de uno de los tres volcanes extinguidos de la isla llamado Rano Raraku. Los trabajadores no transportaban los bloques de piedra a ningún lugar para hacer las esculturas, sino que las fabricaban allí mismo, en la ladera del volcán.
¿Cómo lo hacían? Se trataba de una misión compleja y tardaban meses en llevarla a cabo.
Primero elegían una enorme piedra y empezaban a tallarla por la parte frontal, es decir, la de la cara. Cuando ya estaba esculpida, se dedicaban a quitar piedra de la espalda hasta que la estatua quedaba desprendida de la roca.
Finalizada esta operación, la empujaban montaña abajo e iba a parar a un agujero que habían hecho previamente en la tierra y que les permitía ponerla en pie. Entonces, terminaban de tallar la espalda y el Moai quedaba listo para trasladarlo a su destino final.
¿Cómo los movían?
A los pies del volcán había cuatro caminos que conectaban con diferentes zonas de la isla y escogían uno para llevar al Moai al lugar donde iba a ser expuesto ¡La distancia podía ser de bastantes kilómetros!
Hay muchas dudas sobre cómo consiguieron transportar esas enormes moles de piedra. Algunos estudiosos piensan que las colocaban sobre una especie de trineo hecho con troncos. Otros, en cambio, creen que ataban la cabeza de las estatuas con cuerdas y varios grupos de hombres iban tirando de ella por los lados, de tal manera que daría la sensación de que el Moai iba caminando.
Una vez que, tras muchísimo esfuerzo, conseguían llegar al destino elegido, colocaban el Moai sobre una especie de base o plataforma que construían sobre la tierra, al que llamaban Ahu. Tampoco se sabe a ciencia cierta cómo conseguían levantar el Moai para ponerlo sobre el Ahu. Lo más probable es fueran creando una especie de rampa a base de meter piedras debajo de él, hasta levantarlo.
Los Moai cobraban vida
Para los indígenas, las estatuas no tenían ningún poder mágico hasta el momento en que les colocaban los ojos, fabricados con coral blanco y rocas volcánicas en tonos rojos y negros. Una vez incrustados, adquirían la cualidad mágica de proteger y se daban por terminadas.
Un dato muy curioso es que no solían colocar los Moais mirando al mar. A pesar de estar en una isla, casi todos están orientados al interior, hacia donde vivían los habitantes a los que tenían que cuidar.
Solo un Moai que se encuentra en el Museo Antropológico de Hanga Roa, el pueblo más importante de la Isla de Pascua, conserva los ojos originales.
¿Durante cuánto tiempo se construyeron Moais?
Se cree que los más antiguos son del siglo VIII de nuestra era y que durante cientos de años continuó la tradición. Pero sucedió que, desgraciadamente, en torno al siglo XV empezó a haber graves conflictos entre las tribus de la isla por la escasez de árboles y alimentos. Muchos de ellos acabaron en guerras en las que se destruyeron muchos Moais.
También se piensa que llegó un momento en que la población, harta de pasar hambre, dejó de creer que los seres de piedra tenían poderes y decidieron acabar con ellos.
La realidad es que, por unas razones u otras, todos los Moais fueron derribados. De los casi 900 que se encontraron en la isla, los que hoy en día están en pie es porque fueron restaurados y colocados de nuevo en su lugar. También hay muchos que quedaron a medio hacer en las canteras o abandonados, no se sabe por qué, cuando eran transportados a sus ahu.
El misterio de las cabezas
Una de las cosas que más impactan cuando se recorre la isla es ver una serie de gigantescas cabezas de piedra clavadas en el suelo. Hasta hace poco no se sabía a ciencia cierta por qué unos Moais eran de cuerpo entero y otros no.
Hace varios años se realizó una excavación y se desenterraron dos de ellas. Los arqueólogos confirmaron sus sospechas: en realidad no eran esculturas de cabezas, sino que la tierra escondía cuerpos de varios metros de longitud, también decorados con relieves e inscripciones en la espalda.
A día de hoy todavía quedan muchas cosas interesantes por descubrir sobre la cultura Rapa Nui. Otro misterio sin resolver.


