Pasar al contenido principal
x

La ciencia estrecha la brecha de género en Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Cuando Miriam Cruz Ramírez habla de sí misma no asoma una pizca de conmiseración. La última etapa de sus 25 años ha sido difícil, pero no se queja, en vez de eso siente orgullo por romper ese esquema de “tener que” casarse a la mayoría de edad.


En vez de eso, cuando cumplió 18 años optó por salir de Yuvila, en la serranía de Oaxaca. Empezó a trabajar, ahorró y estudió la preparatoria en el sistema abierto.


Contrarió lo que esperaban su mamá o su papá e ingresó a la Universidad Tecnológica de los Valles Centrales de Oaxaca (UTVCO) a estudiar una carrera poco tradicional para las mujeres: Ingeniería en Tecnologías de la Información y Comunicaciones.


Los cuestionamientos, sobre todo de su papá Roberto Cruz, van en torno en el trabajo que no llegará a encontrar, cuando sin saberlo fue él quien sembró el interés en Miriam por la tecnología.


En la adolescencia, si Miriam no quería hacer los quehaceres en casa la llevaba a su taller mecánico y a los 13 o 14 años despachaba gasolina y sabía cambiar una llanta, “él me enseñó que podía hacer otras cosas”.


Esa enseñanza se replicó cuando a los 18 años Miriam empezó a trabajar en una tienda de venta de artículos para computadoras, “aprendí a formatear y me gustó mucho la informática”.


En su trabajo siguiente, en el departamento técnico de una empresa de instalaciones eléctricas descubrió sus habilidades con las matemáticas y siguió los consejos para estudiar una ingeniería.



Si no pueden hacer lo mismo que los hombres, las mujeres si pueden ver cómo utilizar herramientas para lograrlo: Luz. FOTO: Giovanna Martínez

Sobrepasar los 18 años sin casarse la han hecho ver en su comunidad como “una mujer quedada”, pero la visión cambió cuando saben que está por concluir una carrera universitaria y que el año pasado tuvo una estancia académica de un mes en Estados Unidos.


“Estudiar la ingeniería me ha abierto muchas puertas, me ha dado oportunidades como estudiar un Seminario de Identidad y Liderazgo en la Universidad de Nuevo México. En mi comunidad me preguntan cómo le hizo: pues esforzándome y ahorrando”, relata.


Hay más que casarse


Así como Miriam, pero cuatro años más jóven, Frida Miyuki Santiago Santos abandonó la idea de casarse a edad temprana, dedicarse a elaborar artesanías o estudiar una carrera tradicional, como la mayoría de mujeres de Santo Tomás Jalietza, en donde ella vive con su familia.


Recibir el año pasado el Premio Estatal de la Juventud 2017 en actividades productivas le ha confirmado que la decisión fue la correcta.


Antes, en 2016, el equipo que conformó con otros cuatro compañeros ganó el primer lugar del Concurso Nacional de Innovación y Emprendimiento del Subsistema de Universidades Tecnológicas y Politécnicas (CONIES) por Tech/vest, un chaleco que permite comunicarse a personas con mutismo.


A través del celular, con una aplicación se manda un mensaje vía bluetooth que se reproduce en dos matrices de leds incrustadas al frente del chaleco. La aspiración es diseñar una aplicación que traduzca a la palabra escrita el lenguaje de señas.


El prototipo lo diseñaron entre cinco estudiantes de la carrera de mecatrónica en la UTVCO y Frida era la única mujer. “A veces los hombres no ayudan porque, al saber que somos mujeres, no nos dejan hacer actividades rudas, pero también las mujeres podemos hacerlo, pero afortunadamente todos mis compañeros creen en mí, al contrario, se ofrecen a ayudarme si algo se me complica”.


Persisten estereotipos


La opinión de Frida es diametralmente opuesta a lo que experimenta Luz Andrea Torres Lozano, una joven de 19 años originaria de Juchitán de Zaragoza que cursa el quinto cuatrimestre de la carrera de ingeniería en energías renovables y se ha convertido en la líder de la Red de Mujeres de Energía Renovable y Eficiencia Energética, la primera en el país.


En su salón de clases “ellos nos dicen que por ser mujeres nos ponen una barrera, nos consideran pobrecitas cuando somos capaces de hacer lo mismo, quizá no con la misma facilidad o buscando herramientas para hacerlo, pero también podemos”.


En la materia de seguridad industrial, en vez de sentirse segregadas por los otros seis compañeros, las cinco estudiantes hicieron equipo para demostrar que podían subirse al poste a limpiar el módulo de la lámpara “y hasta con mucho más cuidado”.


De 170 estudiantes de ingenierías en la UTVCO, sólo 24 son mujeres. El director de la carrera de mecatrónica, Alfonso Miguel Escobar, reconoce que es un ámbito masculinizado, pero las mujeres demuestran que son más organizadas y cumplen con esa tarea y la técnica, pero sobre todo tienen un liderazgo nato.


“Es complicado ver a las mujeres en ciencias duras, pero tiene que ver con la cultura porque se les estereotipa que, porqu son mujeres, no pueden hacer muchas cosas cuando sus capacidades son exactamente las mismas que las de un hombre”, opina.


¿Qué falta?


Desde su experiencia como profesora-investigadora de tiempo completo, para la doctora en Ciencias y física Carolina Romero Salazar, la brecha de género para lograr estudios de postgrados prácticamente ha desaparecido, pero permanece en los puestos directivos, los salarios o los estímulos al desempeño docente.


“Es fácil que me califiquen menos aunque tenga buenos resultados”, además de que enfrentó discriminación de género hace diez años, a su llegada a la UABJO: “Le hablaban mal de mí a los alumnos, me calificaban como mala física, ni siquiera tomaban en cuenta mi desempeño como física”.


Crecer en Canadá viendo a su padre Isidro Romero desarrollarse como físico y tener el impulso de su madre María Eugenia Salazar para que sea valioso ser académico, la impulsó a estudiar física.


Es en el ambiente familiar donde se puede sembrar la semilla para que más niñas, jóvenes y mujeres crean en sus capacidades para hacer cosas distintas a las tradicionales y contribuir a crear soluciones científicas y tecnológicas.

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.