Beatriz Pérez, madre de familia de tres niños, asiste todos los fines de semana para rellenar los baches que se han abierto debajo del puente del Tecnológico y pide una cooperación a los automovilistas que pasan por este lugar para llevar a casa un poco de comida.
Comparte que ella solía trabajar en una casa haciendo la limpieza y lavando ropa; no obstante, debido a la contingencia sanitaria su jefa le pidió que no asistiera por miedo al contagio por COVID-19, por ello decidió pararse en ese lugar.
Desde las 10 de la mañana a 6 de la tarde, la madre de familia acarrea piedras para tapar los baches provocados por las fuertes lluvias y los carros pesados que circulan por este lugar, luego, con bote en mano, solicita “unos pesitos”.
Relata que tiene tres hijos que están en la escuela, dos en primaria y uno a punto de graduarse de la secundaria, quienes durante la cuarentena recibieron material de trabajo vía internet; no obstante, el celular de doña Beatriz no contaba con esas aplicaciones.
“Me dijo mi hijo que debía abrir un PDF, pero no se podía y tuvimos que juntar dinero para comprar un celular un poco mejor en el que se pudo abrir y hacer su tarea”, comparte.
En ocasiones, su hijos de 11 y 8 años la acompañan a botear, mientras ella se dedica a sacar piedras y escombros que tiran a la orilla del río Atoyac, y a quienes las personas les regalan comida, paletas y refresco.
Relata que sus hijos son buenos estudiantes ya que han tenido promedio de 8 y 9, por lo que en ocasiones han recibido apoyo económico por su desempeño.
La principal preocupación de doña Beatriz es que sus hijos no puedan continuar estudiando, ya que recientemente suspendieron el examen de admisión de dos de sus hijos.
También le preocupa que al ingresar no tenga el capital suficiente para comprarles útiles escolares y uniformes.
