La castración química no es una opción efectiva para inhibir la violencia sexual. “La indignación nos lleva a pedir ese tipo de sanciones, pero no es la solución”, afirmó la directora de la Clínica de Atención Psicológica (CAPTA), Zoila Ríos Coca.
El método es utilizado en otros países del mundo como medida para impedir que los delincuentes sexuales reincidan, sin embargo -afirmó- las cifras demuestran que el índice delictivo no ha bajado.
Las acciones a aplicar deben ser tendientes a eliminar la violencia en todas sus formas y la educación desde la infancia, señaló.
La violación a una bebé de un año ocho meses, ocurrida el pasado 29 de abril de este año, desató el enojo en redes sociales. A través de plataformas con Facebook o Twitter, desde la indignación, la ciudadanía exigió incluso pena de muerte para el responsable, aún prófugo.
En México, la castración química es inexistente, sin embargo, en distintos momento ha sido planteada en congresos locales del país como una medida de sanción en caso de violación a niñas, niños y adolescentes.
En su momento la feminista y exdiputada federal, Marcela Lagarde, calificó la propuesta de absurda e inoperante, y apeló a la aplicación de la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia en donde se establecen mecanismos de prevención y erradicación de las violencias.
La castración química frena la producción de testosterona. Mediante la administración de medicamentos antiadrogénicos, ya sea por vía oral o intramuscular, se consigue que se anulen las funciones de las hormonas masculinas y, por tanto, la conducta sexual del hombre.
Esta sanción contra violadores se aplica en California y Florida en Estados Unidos. En Polonia contra los pederastas, en Rusia se aplica en los casos donde las víctimas son menores de 14 años de edad y cadena perpetua en reincidencia. Lo mismo ocurre en Estonia y Corea del Sur.
